domingo, 23 de junio de 2013

Un biorreactor de células madre ‘made in Spain’

Fuente: http://cincodias.com/cincodias/2013/06/19/empresas/1371666318_864909.html


David Horna, fundador de Aglaris.



España ha contado y cuenta con grandes investigadores en el territorio nacional y diseminados por todo el mundo. Pero el país tradicionalmente no se ha posicionado en la fabricación de los equipos con los que trabajan los científicos.

La pequeña compañía Aglaris Cell, situada en el Parque Científico de Madrid, quiere retar al mundo y demostrar que en España se puede hacer tecnología innovadora para los laboratorios gracias a la fabricación de un biorreactor para el cultivo automatizado de células madre.

Detrás del proyecto se encuentra David Horna, quien previamente cofundó la empresa Sagetis, que recibiera uno de los galardones de la Fundación Genoma España por desarrollar un material sintético sustitutivo para las vértebras.

Horna (Madrid, 1981), ingeniero químico y doctorado en Química, percibió en su trabajo en laboratorio la carencia que existe para la producción de células madre, que se producen todavía de forma casi artesanal. Por eso comenzó a diseñar un biorreactor, una máquina que puede amplificar un millón de células de tejido adiposo en 5.000 millones.



La patente propia ha merecido el reconocimiento TR35 del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts), para emprendedores menores de 35 años, lo que le ha ayudado a encontrar recursos. Acaba de cerrar una ronda de financiación internacional, con la totalidad de fondos extranjeros, liderada por un profesor de la Universidad de Oxford. “El TR35 ha hecho que se nos conozca fuera de España y que sea más fácil llegar a inversores”, reconoce Horna.

Gracias a estos recursos el primer prototipo de biorreactor se encuentra en fase de construcción, algo que realizará una empresa subsidiaria. Los futuros clientes serán hospitales, centros de investigación y compañías farmacéuticas y de biotecnología.

Actualmente, una gran parte del futuro de los avances médicos pasa por tratamientos biológicos y celulares, donde este tipo de equipos pueden ayudar a rebajar costes y aumentar la escala de producción.

Ya existen otras empresas que fabrican esta clase de máquinas, pero el investigador y empresario asegura que la suya ahorrará costes porque no utiliza la enzima tripsina como las otras “y es de mejor calidad”. De momento, cuenta con una ventaja: “Nos permite hacer reprogramación celular automática, por ejemplo, que de una célula de piel salga una neurona”.

Historias de éxito en la investigación con células madre

Fuente: http://rusiahoy.com/sociedad/2013/06/21/historias_de_exito_en_la_investigacion_con_celulas_madre_29189.html




Los éxitos de la tecnología celular en la medicina se están volviendo cada vez más impresionantes: los expertos crean órganos con bioingeniería y utilizan células para regenerar órganos y tejidos.

Sin embargo, estas tecnologías no pueden aplicarse de cualquier manera. Para certificar un producto biomédico, debe ser creado en conformidad con las normas internacionales de GLP (Good Laboratory Practice) y GMP (Good Manufacturing Practice). El Instituto de Células Madre Humanas (ICMH) ha construido el primer complejo en Rusia de laboratorios y plantas de producción, establecido según las normas de GLP y GMP, para la producción de productos celulares biomédicos.

Dentro del complejo hay numerosos laboratorios de cultivos celulares, de genética molecular, un banco de células madre de cordón umbilical y otro de tejidos reproductivos (Reprobank). Todas las unidades están equipadas con tecnología de alta calidad.

"El complejo tiene dos objetivos principales — explica el director del ICMH Artur Isáev —. En primer lugar, está diseñado para la producción de productos desarrollados por el ICMH en el área de las tecnologías celulares y de la genética médica".

Estos incluyen, por ejemplo, la terapia SPRS, una tecnología personalizada para restaurar la piel usando los propios fibroblastos, que se diseñó para corregir los cambios de la piel relacionados con la edad y para eliminar cicatrices y otros defectos.

Los expertos del ICMH realizaron ensayos clínicos y sacaron la tecnología al mercado. Los fibroblastos se extraen de la piel del paciente. Según ha explicado uno de los jefes de dirección, Vladímir Cherkasov, se toman 4 mm de piel de detrás de la oreja, pues en esta zona está menos expuesta a los rayos UVA. Las células se cultivan en el laboratorio y, a partir de estas, se obtiene un preparado que se inyecta.

Los especialistas trabajan con clínicas de medicina estética que compran sus preparados. Por ahora es un tratamiento bastante caro, ya que el proceso de tratamiento de las células no se puede automatizar. Los especialistas han realizado ensayos clínicos de terapia SPRG para restaurar el tejido blando en la práctica dental y están desarrollando la terapia SPRB capaz de recuperar los tejidos duros periodontales.

Entre los productos celulares del ICMH se incluye también el preparado Gemacell, hecho a partir de sangre del cordón umbilical.

"Tenemos dos procedimientos con este preparado, — dice Isáev —. Uno es para tratar infartos de miocardio, y el otro, para tratar insuficiencias hepáticas crónicas".

Otra tecnología para las pruebas genéticas de adultos, llamada Etnogen, está basada en microchips. Su misión es identificar 66 enfermedades hereditarias y 293 mutaciones asociadas a tales enfermedades. La exclusividad de este sistema de prueba radica en que está diseñado específicamente para los residentes de Rusia, pues el tipo de mutación varía según el grupo étnico. La tarea de este diagnóstico es la de detectar las mutaciones cuando éstas aún no se han desarrollado en la persona. Pero si dos de estas mutaciones se unieran en la fecundación, se podría engendrar un bebé enfermo.

"Hoy en día tenemos una oportunidad real de no pasar un gen a la siguiente generación — afirma Isáev —. Angelina Jolie, por ejemplo, podría hacerlo, aunque, con respecto al riesgo que corría ella personalmente, hizo lo correcto. Angelina Jolie ha hecho más por el desarrollo de la genética que los científicos en toda una década".

El segundo objetivo del nuevo complejo es el de dar permiso, bajo contrato, a otros desarrolladores para que produzcan el preparado.

"Estas instalaciones se pueden utilizar para facilitar al investigador que no tenga estas condiciones la opción de venir y trabajar en toda la cadena de proceso", dijo Serguéi Kiseliov, profesor del Instituto de Genética General de la Academia Rusa de las Ciencias. "Existen estructuras similares en Occidente llamadas laboratorios de prototipado. Su misión es la de acercar un estudio científico al desarrollo de un producto estándar. Es mucho más rentable que construir unas instalaciones para que cada investigador pueda hacer sus experimentos, pues este tipo de instalaciones cuestan mucho dinero".

"Un experto afirmó que entre 2012 y 2014 tendría lugar un gran cambio en el desarrollo de las tecnologías celulares, las cuales se desplazarían de la fase de las expectativas a la de la realización práctica — resumió Isáev —. Esta predicción se está cumpliendo. A lo largo de este año se han registrado varios preparados celulares, y durante 2013 y 2014 se espera que se registren varios más.


Pero, por otra parte, ya es evidente que el milagro no va a suceder, es decir, no habrá una inyección que resuelva todos los problemas. El desarrollo de las tecnologías celulares es un camino de pruebas, errores, análisis y de nuevo pruebas y errores".

En lo que concierne a Rusia, mucho depende del tipo de ley que se dicte sobre las tecnologías celulares.

"La ley actual es, por un lado, 'de talla única' para preparados tanto sencillos como complejos, y por otro, algunos preparados no entran dentro de su competencia", opina Artur Isáev. "El segundo problema es que la ley debe ir acompañada de los estatutos que regulan casos específicos. Si la nueva ley no tiene estatutos, no cambiará nada".

Manipulación genética y células madre contra el envejecimiento y el Alzheimer

Fuente: http://www.laverdad.es/murcia/20130612/mas-actualidad/sociedad/manipulacion-genetica-201306121621.html

La manipulación genética para frenar el envejecimiento o el uso de células madre neurales para tratar enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer y Parkinson son algunos de los avances que se exponen en Valencia durante el 55 Congreso de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología.

Cerca de un millar de profesionales y expertos del área de atención a las personas mayores participan en este Congreso, que se celebra en el Palacio de Congresos con el lema "La atención integral al anciano: un reto de todos".

Durante el encuentro, la investigadora Ana María Cuervo, del Instituto de Estudios en Envejecimiento del Albert Einstein de Nueva York, expone un estudio en ratones en los que, mediante manipulación genética, ha conseguido rejuvenecer el hígado limpiando las proteínas defectuosas de las células de ese órgano.

"Si lo comparamos con humanos, es como si un hígado de 80 años funcione como si tuviese solo 20", señala Cuervo en un comunicado, en el que explica que desde hace tiempo se sabe que con la edad las proteínas dañadas se acumulan en las células, pero no se sabía si era causa o consecuencia del envejecimiento.

Ahora, mediante manipulación genética en ratones, se ha conseguido mantener los niveles de una proteína implicada en la limpieza celular y que permite discernir dentro de una célula lo que es basura de lo que no, por ello es "clave en el envejecimiento celular".

Con el envejecimiento, estas proteínas se reducen al 50 % y se podrían evitar los problemas derivados de la edad si se logra mantenerlas en un 80 %, según Cuervo, que añade que la reducción de estas proteínas conduce a disfunciones en órganos vitales como el corazón, el hígado y el cerebro.

La investigadora ha señalado que también se ha comprobado que se puede estabilizar la proteína cambiando la dieta a los animales y disminuyendo la ingesta de grasas, y ha destacado que la mejor forma de alargar la vida "es con una restricción de calorías".

Aunque de momento esta técnica no puede ser trasladada a humanos, también podría ayudar a luchar contra enfermedades cerebrales degenerativas como el Alzheimer o el Parkinson.

Para el tratamiento de estas enfermedades neurodegenerativas, en el Congreso se expone una investigación sobre el uso de células madre neurales para reparar tejidos dañados y evitar mutaciones, que podría ser la clave para el retraso del desarrollo del envejecimiento.

El neurólogo Jose García Verdugo, catedrático de Biología Celular de la Universitat de València y experto mundial en células madre, descubrió recientemente junto a su equipo la existencia y ubicación de las células madre en el cerebro.

Este hallazgo ha abierto la posibilidad de que alguna día se puedan recuperar las zonas dañadas o perdidas del cerebro, bien por envejecimiento o por un traumatismo, señala García Verdugo.

Madrid registró en 2012 la mitad de donaciones altruistas de médula de España

Fuente: http://www.abc.es/agencias/noticia.asp?noticia=1419336

Diecinueve de las 35 donaciones altruistas de médula que se registraron en España el pasado año, un 54 % del total, se realizaron gracias a las aportaciones de ciudadanos madrileños, ha indicado la Consejería de Sanidad.

En la actualidad, 13.724 madrileños figuran en el Centro de Transfusión como donantes altruistas de médula ósea, una cifra que Sanidad quiere incrementar en 3.400 personas cada año durante los cuatro próximos ejercicios a través del Plan de Donación de Médula Ósea, puesto en marcha a finales de 2012.

De alcanzarse, este incremento supondría duplicar la cifra actual de donantes.

La campaña de captación se enmarca en el objetivo global del Ministerio de Sanidad de conseguir 200.000 nuevos donantes de médula en toda España en los próximos cuatro años y discurre en paralelo con incremento de la actividad del Centro de Transfusión en el registro y estudios de compatibilidad de donantes.

Para ser donantes de médula, los ciudadanos deben tener un buen estado de salud y una edad comprendida entre los 18 y los 55 años, aunque las recomendaciones internacionales recomiendan que la edad no sea superior a 45 años.

Los interesados deben asumir un compromiso de donación a largo plazo, responder a un cuestionario y hacerse una analítica de sangre para determinar su compatibilidad con posibles receptores.

A partir de ese momento, el ciudadano se registra como donante potencial y su perfil de compatibilidad se incluye en una base de datos nacional e internacional -REDMO- y a la que pueden acceder desde cualquier país en los que se realicen trasplantes.

La posibilidad de una búsqueda internacional de donantes permite a los pacientes españoles y a los del resto del mundo contar con las máximas posibilidades de encontrar un donante compatible, explica la Consejería de Sanidad en un comunicado.

Actualmente hay cerca de 21 millones de donantes de médula ósea inscritos en el Registro Mundial.

Los hospitales de la Comunidad de Madrid realizaron el pasado año un total de 501 trasplantes de progenitores hematopoyéticos -la actuación conocida como trasplante de médula-, intervenciones fundamentales en el tratamiento de patologías graves como leucemias, linfomas y otras enfermedades hematológicas y onco-hematológicas.

De los 19 centros hospitalarios de la región que actualmente realizan este tipo de trasplante, el hospital La Paz registró la mayor cifra de actividad el pasado año, con 71 actuaciones, seguido de los hospitales Ramón y Cajal y 12 de Octubre, con 61 trasplantes cada uno.

La Comunidad de Madrid cuenta con cuatro hospitales -12 de Octubre, Gregorio Marañón, La Paz y Niño Jesús- que realizan trasplantes de progenitores hematopoyéticos en niños.

En 2012 se realizaron en la Comunidad 74 trasplantes de este tipo en niños, de los que más de la mitad procedían de otras Comunidades Autónomas.

De los 501 trasplantes realizados en 2012, un total de 83, el 16,5%, correspondieron a trasplantes alogénicos no emparentados, la denominación técnica de los trasplantes con un donante altruista y anónimo, no emparentado con el paciente receptor.

Los hospitales La Paz, Princesa y Puerta de Hierro-Majadahonda lideraron esta actividad con 24, 16 y 15 trasplantes respectivamente.

Actualmente, la donación de progenitores hematopoyéticos puede realizarse a través de una extracción de sangre, de forma semejante a una donación de sangre y, por tanto, no exige del donante la complejidad de la donación a partir de la médula ósea -ambos métodos se usan indistintamente y la elección de uno u otro se realiza en función del paciente-.

Los donantes pueden darse de baja de forma voluntaria y la donación puede realizarse incluso hasta los 59 años de edad, el tope legal permitido.

De media, las donaciones se realizan 10 años después del registro inicial.

El plan de donación de médula incluye tres líneas básicas de actuación: la informativa, a través de la página web www.madrid.org/donarsangre y el correo electrónico donarmedula@salud.madrid.org; la formación de profesionales y la realización de la primera extracción de sangre para el análisis del tipaje de los donantes.

sábado, 22 de junio de 2013

El debate de la clonación

Fuente: http://www.larazon.es/detalle_normal/noticias/2323705/la-razon-del-domingo/el-debate-de-la-clonacion-ser-o-no-ser-clon#.UcX4zfnxrRd


La identidad personal es un patrimonio que solemos dar por hecho. Pero basta una noticia sobre la primera clonación de una oveja, de una vaca, de un cerdo o de una mula para intuir que quizá no está tan garantizada como pensamos. Y el debate se enciende si la noticia se refiere a células humanas. Al fin y al cabo, que el nacimiento de un clon de «Homo sapiens» forme parte de una realidad improbable no impide que los expertos en bioética discutan sobre si sería un hito científico reprobable. Quizá su identidad no sería exactamente propia y puede que nos costase considerarlo uno de los nuestros. A lo mejor solo lo parecería.

Un niño clonado tendría el mismo ADN que su padre o que su madre, lo que lo convertiría en una especie de gemelo joven de su progenitor. Su concepción de la familia difícilmente podría asemejarse a la de cualquier cultura conocida. Además, la reproducción mediante clonación implicaría la utilización de las más refinadas técnicas de manipulación genética, lo que abriría la puerta a la selección detallada de los rasgos del futuro niño y, con ella, a la eugenesia.

El hecho de traer al mundo un bebé «bajo demanda» podría considerarse un atentado contra su individualidad y, lo que es peor, la clonación masiva se convertiría en un grave riesgo social: la diversidad genética contribuye a que la especie aguante los envites de las enfermedades y de las condiciones naturales adversas. Además, la clonación reproductiva favorecería el crecimiento de un mercado en el que las modas y la capacidad adquisitiva acentuarían las diferencias sociales.

Pero hay buenas noticias que alientan la investigación en el campo de la clonación terapéutica, «aunque llevar a cabo una clonación en mamíferos es muy difícil y en primates, hoy por hoy, imposible», explica la catedrática de Bioquímica y Biología molecular Natalia López Moratalla. La última información optimista llegó de manos de un grupo de investigación que explicaron en la revista «Cell» cómo han conseguido clonar células embrionarias de un adulto. Son los primeros en lograrlo.

Algunos científicos han señalado que la técnica podría dar nuevos bríos a la prometedora medicina regenerativa, que recurre a las células madre –y las embrionarias lo son- para reparar tejidos dañados–. Incluso se habla de curar la diabetes, el alzheimer y el párkinson. Sin embargo López Moratalla, quien también forma parte del Comité de Bioética de España, no lo tiene tan claro. «Las células de tipo embrionario procedentes de embriones, que es lo que hemos tenido muchos años, han demostrado que no sirven para terapia», opina. Aunque admite que las que ha presentado el equipo estadounidense, «si pudieran curar algo, tendrían la ventaja de ser del mismo paciente y, por lo tanto, no serían rechazadas».

La técnica «es la misma que se usó para clonar a la oveja Dolly», el primer clon de un mamífero, recuerda la también presidenta de la Asociación Española de Bioética y Ética Médica (AEBI). Visto con la perspectiva actual, el resultado no fue muy alentador. La célebre oveja no solo «nació mal», sino que padeció artritis prematura y una enfermedad pulmonar progresiva. Murió antes de lo habitual entre sus congéneres. Claro que eso puede no ser más que un mal comienzo de un futuro prometedor, pero la historia de la clonación animal está plagada de casos de deformidad y discapacidad.

Aunque ningún científico ha hablado de la posibilidad de clonar seres humanos gracias a la técnica que se ha presentado, la imagen del clon humano ha vuelto a demostrar su fuerza en el imaginario colectivo. De una manera un tanto fútil, puesto que el avance propugnado no despeja los complicados obstáculos que salpican el camino. Según la catedrática de la Universidad de Navarra, el verdadero progreso en las terapias con células madre llegó con el trabajo que le valió el Nobel de Medicina del año pasado a Shinya Yamanaka.

El japonés sentó las bases para reprogramar células adultas a un estado pluripotencial. Estas células, denominadas iPS (células pruripotenciales inducidas, por sus siglas en inglés), pueden crecer hasta especializarse como células de otro tejido distinto del que anteriormente formaban. López Moratalla subraya que «tenemos una serie de reservas de células capaces de multiplicarse y diferenciarse, y, por tanto, de sustituir a las que están dañadas si el organismo no es capaz porque la lesión es demasiado grande».

Las iPS están demostrando tener una gran eficacia técnica, pero también han rebajado las exigencias éticas respecto al uso de células embrionarias, un aspecto muy controvertido que afecta al debate sobre la clonación. López Moratalla señala que las células del estudio publicado presentan «un estado similar al embrión de cinco días», aunque no forman parte de ningún embrión. En España, con esa edad entrarían dentro de la categoría de preembrión. La legislación española define el preembrión como el resultado del óvulo desde que es fecundado hasta que cumple 14 días. Durante ese periodo, puede utilizarse para la fecundación in vitro, pero el debate sobre la frontera temporal no ha quedado completamente resuelto con la ley sobre técnicas de reproducción humana asistida de 2006.

Para empezar, «necesitas utilizar óvulos humanos y eso supone tener a una serie de mujeres de donantes, con todas las consecuencias que eso tiene para la salud». Entre ellas están los efectos adversos que suelen tener los tratamientos hormonales y el riesgo de que se desencadene un síndrome de hiperestimulación ovárica, que puede provocar esterilidad. También hay diversidad de opiniones respecto a la suerte de los embriones sobrantes, que tienen la misma dignidad que los demás según el punto de vista que defiende que son individuos desde el minuto uno.

Los embriones que no han sido empleados en la fecundación pueden emplearse en ciertas investigaciones, aunque López Moratalla apunta que «tampoco se está investigando con embriones ya, lo que se está haciendo es intentar mejorar las técnicas de fecundación in vitro».

Las discrepancias en el uso de embriones dependen de los intereses de cada investigador, por eso muchas veces corresponde a la Justicia tomar las decisiones. Por ejemplo, es muy significativa la sentencia del Tribunal de Luxemburgo que, en 2011, negó a un investigador de la Universidad de Bonn (Alemania) la posibilidad de patentar ciertos procedimientos para convertir células madre en células nerviosas porque implicaban la destrucción de embriones humanos.

El tribunal no solo consideró que la investigación atentaba contra la legislación europea sino que también dictó que un óvulo que haya sido manipulado científicamente y no haya sido fertilizado debe respetarse como si fuera un embrión. La importancia de este tipo de sentencias es máxima, ya que suelen desnivelar la balanza y encauzar un debate en el que chocan encontradas convicciones políticas. También están en juego los intereses económicos de ciertas empresas biotecnológicas.




Tanto en la clonación humana como en el uso de embriones, los límites éticos se diluyen más cuanto más concreto es el caso. Muchas veces la respuesta es sólo una cuestión de grado. Por ejemplo, si bien es probable que la sentencia europea tenga un amplio respaldo popular, quizá sólo sea por el exceso al que puso freno. El caso de Javier, el primer «bebé medicamento» español, posiblemente tenga mayor aceptación.

Javier nació en Sevilla hace más de 4 años. Sus padres optaron por el diagnóstico genético preimplantacional, una manera de prevenir que nazcan niños con enfermedades genéticas que no tienen tratamiento o que pueden ayudar a salvar la vida de un familiar enfermo. En este caso, se seleccionaron varios preembriones para evitar que el niño tuviera el mismo tipo de anemia congénita que su hermano. Además, el trasplante de la sangre de su cordón umbilical supuso una ayuda a su hermano.

El debate sobre si la dignidad de Javier se ha visto menoscabada por haber sido concebido para tratar a su hermano, aunque no haya sido el único motivo, es de difícil solución. Decidir si la operación ha servido para ganar una vida o si ha sido un caso de eugenesia de preembriones es cuestión de opiniones. Pero ha costado mucho esfuerzo que Javier naciese. O sea que, mientras se debate sobre la ética de la clonación humana, sólo hay una pregunta que verdaderamente nos separa de ella, consideraciones técnicas aparte: ¿Para qué íbamos a clonar un ser humano?

El autotrasplante y el efecto dañino de la quimioterapia en el linfoma de Hodgkin

Fuente: http://www.lavozdegalicia.es/noticia/deportes/2013/06/19/autotrasplante-efecto-danino-quimioterapia/0003_201306G19P46993.htm


El linfoma de Hodgkin es un cáncer -crecimiento desordenado- que afecta a los ganglios linfáticos y que también puede estar fuera de ellos. En este caso, la célula que se descontrola es un linfocito, y estos circulan por todo el cuerpo -pulmón, hígado, intestinos, bazo...-, Por eso no hablamos de metástasis, porque las células se encuentran en todo el organismo. En general, el de Hodgkin se trata de un linfoma con mejor pronóstico que el resto, que responde mejor al tratamiento y que cuenta con más altas posibilidades de curación.

De todos modos, en algunas ocasiones el linfoma de Hodgkin necesita de un autotrasplante de médula. Se aplica para acompañar la administración de dosis muy altas de quimioterapia en los casos en los que no se produce una respuesta satisfactoria a los tratamientos convencionales con dosis más bajas.

Las dosis altas de quimioterapia resultan muy tóxicas para el organismo, pues actúan no solo sobre la enfermedad residual, sino también sobre las células normales de la sangre. Como impiden que la médula produzca una cantidad adecuada de glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas, la situación se contrarresta de la siguiente manera. Antes de administrar la quimioterapia a tan altas dosis, se utilizan factores estimulantes de colonias, para que se produzcan y circulen más células madre de las habituales en el organismo del paciente. A continuación, se le conecta a una máquina de aféresis para recoger las células madre en una bolsa y congelarlas para cuando se considere que le pueden hacer falta.

Estas células madre son necesarias cuando se aplican las altas dosis de quimioterapia. Entonces las descongelamos y posibilitan que el paciente se recupere de la aplasia (bajada de glóbulos rojos, plaquetas y glóbulos bancos) producida por la quimioterapia.

Estas células madre prenden y el paciente es capaz de producir glóbulos blancos, rojos y plaquetas, y salir así de la aplasia.

How neural stem cells create new and varied neurons

Fuente: http://www.sciencedaily.com/releases/2013/06/130619164716.htm?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed%3A+sciencedaily+%28ScienceDaily%3A+Latest+Science+News%29



Drosophila (fruit fly) neuroblasts: The stem cell of the CNS. (Credit: Chris Doe)




A new study examining the brains of fruit flies reveals a novel stem cell mechanism that may help explain how neurons form in humans. A paper on the study by researchers at the University of Oregon appeared in the online version of the journal Nature in advance of the June 27 publication date.



"The question we confronted was 'How does a single kind of stem cell, like a neural stem cell, make all different kinds of neurons?'" said Chris Doe, a biology professor and co-author on the paper "Combinatorial temporal patterning in progenitors expands neural diversity."

Researchers have known for some time that stem cells are capable of producing new cells, but the new study shows how a select group of stem cells can create progenitors that then generate numerous subtypes of cells.

"Instead of just making 100 copies of the same neuron to expand the pool, these progenitors make a whole bunch of different neurons in a particular way, a sequence," Doe said. "Not only are you bulking up the numbers but you're creating more neural diversity."

The study, funded by the Howard Hughes Medical Institute and the NIH National Institute of Child Health and Human Development, builds on previous research from the Doe Lab published in 2008. That study identified a special set of stem cells that generated neural progenitors. These so-called intermediate neural progenitors (INPs) were shown to blow up into dozens of new cells. The research accounted for the number of cells generated, but did not explain the diversity of new cells.

"While it's been known that individual neural stem cells or progenitors could change over time to make different types of neurons and other types of cells in the nervous system, the full extent of this temporal patterning had not been described for large neural stem cell lineages, which contain several different kinds of neural progenitors," said lead author Omar Bayraktar, a doctoral student in developmental neurobiology who recently defended his dissertation.

The cell types in the study, Bayraktar said, have comparable analogs in the developing human brain and the research has potential applications for human biologists seeking to understand how neurons form.

The Nature paper appears alongside another study on neural diversity by researchers from New York University. Together the two papers provide new insight into the processes involved in producing the wide range of nerve cells found in the brains of flies.

For their study, Bayraktar and Doe zeroed in on the stem cells in drosophila (fruit flies) known as type II neuroblasts. The neuroblasts, which had previously been shown to generate INPs, were shown in this study to be responsible for a more complex patterning of cells. The INPs were shown to sequentially generate distinct neural subtypes. The research accounted for additional neural diversity by revealing a second axis in the mechanism. Instead of making 100 neurons, as had been previously thought, a stem cell may be responsible for generating some 400 or 500 neurons.

The study concludes that neuroblasts and INP patterning act together to generate increased neural diversity within the central complex of the fruit fly and that progenitors in the human cerebral cortex may use similar mechanisms to increase neural diversity in the human brain. One long-term application of the research may be to eventually pinpoint stem cell treatments to target specific diseases and disorders.

"If human biologists understand how the different types of neurons are made, if we can tell them 'This is the pathway by which x, y and z neurons are made,' then they may be able to reprogram and redirect stem cells to make these precise neurons," Doe said.

The mechanism described in the paper has its limits. Eventually the process of generating new cells stops. One of the next questions to answer will be what makes the mechanism turn off, Doe said.

"This vital research will no doubt capture the attention of human biologists," said Kimberly Andrews Espy, vice president for research and innovation and dean of the UO graduate school. "Researchers at the University of Oregon continue to further our understanding of the processes that undergird development to improve the health and well-being of people throughout the world."NIH grants to Doe (R01HD27056) and to Bayraktar (T32HD216345 and T32GM007413) supported the research, in addition to Howard Hughes Medical Institute support to Doe.





Journal Reference:

Omer Ali Bayraktar, Chris Q. Doe. Combinatorial temporal patterning in progenitors expands neural diversity.Nature, 2013; DOI: 10.1038/nature12266

The Science and Politics of Cloning: What the News Was All About


By Maureen L. Condic, Ph.D.


Maureen L. Condic, Ph.D. is an Associate Professor of Neurobiology and Anatomy at the University of Utah and an associate scholar with the Charlotte Lozier Institute



This month, researchers at the Oregon Health and Science University published a ground-breaking paper describing the derivation of human stem cells from cloned human embryos. Despite the minor irregularities that were discovered in the figures (the paper had been rushed to publication after a mere four days of review), the work represents a significant scientific achievement, for the first time presenting credible evidence that human beings have been cloned.

There has been a surprising lack of uproar over this result, perhaps in part due to the less-than- frank reporting of what the researchers actually accomplished. Nature referenced the controversial result somewhat obliquely, stating, “Human stem cells created by cloning.” The Scientist was even more misleading, casting the result as an improvement on cellular reprogramming by saying, “New Stem Cells on the Block: By reprogramming human fibroblasts into pluripotent stem cells with somatic cell nuclear transfer, scientists have come up with a viable alternative to iPSCs [induced pluripotent stem cells].” The popular news media followed suit, with Reuters, CBS News, Fox News and Businessweek all announcing that scientists had produced human stem cells from human skin cells by cloning, conveniently ignoring the human embryos that existed briefly in between.

Let’s be clear: Cloning is cloning. This paper reports the generation of cloned human embryos, human beings at the earliest stages of life. The researchers used a total of 380 human eggs from at least 10 paid female donors to generate cloned embryos, 68 of which survived the seven days required to reach the blastocyst stage of development, before being destroyed to produce human stem cell lines. It is impossible to know how many of the clones produced were healthy human embryos. From the poor survival rate of the clones to seven days and the generally poor success for cloning other animals, it seems likely that many of the cells produced by cloning were defective in critical ways. But in the worst case scenario, 380 embryonic human beings gave their lives for the 18 stem cell lines this work generated.



Which stem cells are the best for research and for medical therapies?

Some scientists will undoubtedly argue that cloning is a necessary alternative to induced pluripotent stem cells (iPSCs) produced by reprogramming. Many commentators have been quick to point out that there are differences between iPSCs and embryonic stem cells (ESCs). And they are at least partially correct. Multiple groups have reported subtle differences between iPS and ES cells.[i] In contrast, others have found that the two cell types differ only slightly or are essentially “indistinguishable.”[ii] Comparisons of stem cell lines produced in multiple labs have concluded that differences between laboratory protocols, not between the cells themselves, are responsible for much of the variation observed between iPSCs and ESCs.[iii] The bottom line appears to be that iPSCs are roughly as different from ESCs as different ESC lines are from each other, and that better standardization of protocols for generating and culturing pluripotent stem cells would reduce this variation considerably.

Debate over the subtle differences between iPSCs and ESCs tends to obscure the well- documented abnormalities of ESCs themselves. ESCs are often referred to as the “gold standard” of pluripotency, yet this moniker grossly misrepresents the actual properties of ESCs. It is inarguably clear that ESC lines are abnormal compared to cells found within the inner cell mass of intact embryos.[iv] Multiple studies have concluded that ESC lines are quite variable, with many having ‘restricted’ potency and/or strong developmental biases.[v] Moreover, ESCs have repeatedly been shown to be genetically and epigenetically unstable, accumulating mutations that convert them into cancer cells.[vi] The same is also likely to be true for iPSCs,[vii] although perhaps to a lesser extent. In light of the evidence, it is hard to see the ESC “gold standard” as anything other than seriously tarnished.

In addition to the concerns regarding variable potency, unnatural epigenetic state and proclivity to accumulate mutations, ESCs are also “foreign” tissue that would be rejected by the immune system if transplanted to an adult patient. Consequently, most scientists agree that “autologous” or patient-matched stem cells would be preferable for therapeutic treatments. The two ways of obtaining patient-matched pluripotent stem cells are reprogramming and cloning. Thus, it is most appropriate to compare iPSCs to ESCs derived from nuclear transfer (NT-ESCs). And it is clear that NT-ESCs are at least as problematic for therapeutic applications as both iPSCs and ESCs, if not more so. 

It is entirely undisputed that live-born cloned animals are epigenetically abnormal.[viii] These abnormalities do not arise as a consequence of gestational irregularities, but are seen at early embryonic stages.[ix] And direct examination of NT-ESC lines shows that, like the embryos they are derived from, cloned ESCs are also clearly “abnormal” when compared to ESCs derived from fertilization.[x] Specifically, NT-ESCs carry epigenetic “memory” of the adult cells from which they are derived.[xi] The same kind of “bias” (i.e., a restriction in potency) is also seen in iPSCs,[xii] and (as noted above at 5) in ESCs derived from fertilization, albeit to a lesser extent than either iPSCs or NT-ESCs. 

In conclusion, all pluripotent stem cell types, (ESCs, iPSCs and NT-ESCs) are abnormal, laboratory-created cells. They all differ significantly from cells found in intact embryos, and they differ in subtle ways from each other, as well. They are all prone to genetic instability, accumulating mutations that convert them to cancer cells. While iPSCs and NT-ESCs are “patient matched,” thereby avoiding the significant complications of immune rejection, both of these cell types carry epigenetic “memory” of the tissue from which they were derived that limits their pluripotency. Yet in some cases, even ESCs derived from fertilization exhibit poorly understood restrictions in potency that bias them to produce only specific derivatives. There is not a perfect cell type in the bunch.



Which stem cells should we pursue?

Given the compromises and risks associated with all pluripotent stem cell lines, is it possible to decide which route to pursue, or must research go forward on all fronts until a clear winner emerges? The problems that have already been identified with all three types of pluripotent stem cells are fundamental (i.e., unlikely to be resolved by simple improvements in technology or more research) and of roughly equal magnitude for ESCs, iPSCs and NT-ESCs. Any superiority that emerges is likely to involve subtle advantages for specific applications, rather than a clear advantage overall. 

In contrast to the equally compromised scientific credentials of all pluripotent cell types, one contestant emerges as the clear victor on the field of ethics. Induced pluripotent stem cells do not require the production and subsequent destruction of human embryos. They do not require the exploitation of women to obtain eggs. They would not compromise patient health and safety by immune incompatibility. This does not make iPSCs “ideal,” by any means, but it makes them ethically superior to either conventional or cloned ESCs. 

iPSCs are also clear victors on a technical front. Reprogramming is a relatively simple procedure. It does not require researchers to have specialized training or an established relationship with an obstetrics practice to obtain human eggs and embryos. Scientifically, reprogramming offers a large number of technical advantages that allow researchers to have greater control of the reprogramming process, compared to human cloning. Because of these desirable features, iPS technology has advanced at a phenomenal pace (see Figure 1). Indeed, since the advent of reprogramming, the number of papers reporting on research using ESCs exclusively has remained flat, while the number of papers using iPS technology has increased a thousandfold. Researchers are voting with their feet. And increasingly, their footsteps are turning to cellular reprogramming as the way forward for pluripotent stem cell research.

Which brings us back to the question of why the news of human cloning was so anticlimactic. It may well be that the public has simply accepted the concept of therapeutic cloning. Or that the reporting of this result was so oblique, the public simply didn’t catch on. But the notably faint praise that greeted this result from the scientific community may also reflect the fact that the field has already moved on. As one leading stem cell researcher said, “Given the difficulty of obtaining human oocytes, and the controversial nature of the research, embryonic stem cells aren’t likely to ever be the preferred tool of regenerative medicine.” And that would be even more so the case for cloned human embryonic stem cells.


Figure 1. (A) Mouse embryonic stem cells (ESCs) were described in 1981, with human ESCs isolated in 1998. The Bush administration funding policy announced in 2001, that for the first time allowed the use of federal funds for human embryonic stem cell research, was associated with a rapid increase in the number of publications in this field. 


(B) After reaching a peak in 2008, the number of publications exclusively involving ESCs (animal and human; not iPSCs) has been flat or slightly declining, while the number of papers involving iPSCs has increased a thousandfold since they were first described in 2006.






References

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