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lunes, 23 de octubre de 2017

Crean minintestinos funcionales a partir de células madre humanas

Fuente: http://www.abc.es/salud/tecnologia-salud/abci-crean-minintestinos-funcionales-partir-celulas-madre-humanas-201710111505_noticia.html


Trasplantados en ratas, los segmentos tienen la capacidad de liberar nutrientes al torrente circulatorio de una forma totalmente natural.



Las células madre pluripotentes inducidas (iPS) representan, según la opinión de numerosos expertos, el futuro de la medicina regenerativa. No en vano, estas iPS tienen la capacidad de diferenciarse en cualquier tipo de célula del organismo, por lo que, cuando menos en teoría, pueden ser utilizadas para crear órganos y tejidos sanos con los que reemplazar a aquellos deteriorados por una lesión o enfermedad o, simplemente, por el paso de los años. De hecho, en los últimos años ya se han desarrollado distintos ‘organoides’ –esto es, de estructuras tridimensionales que imitan lo que sucede en un órgano– a partir de iPS humanas, caso entre otros de ‘mini-retinas’, ‘mini-estómagos’ o ‘mini-hígados’. Y ahora, investigadores del Hospital General de Massachusetts en Boston (EE.UU.) han dado un paso más allá al lograr ‘crear’ a partir de estas células madre segmentos del intestino delgado que, una vez trasplantados en un modelo animal –ratas–, tienen la capacidad de liberar nutrientes al torrente circulatorio. O lo que es lo mismo, son capaces de llevar a cabo, si bien parcialmente, la digestión.


Como explica Harald Ott, director de esta investigación publicada en la revista «Nature Communications», «en nuestro trabajo hemos sido capaces de cerrar la brecha entre la diferenciación celular –promoviendo que las células madre se transformen en un tipo específico de célula– y la generación de un tejido que muestra una funcionalidad de alto nivel, como sería en este caso la perfusión vascular y la absorción de nutrientes. Así, y si bien estudios previos han documentado la diferenciación exitosa de organoides a partir de iPS, nuestro trabajo describe una tecnología que posibilita que estas pequeñas unidades de tejido formen injertos de mayor escala que un día podrían usarse para el reemplazo de órganos».



La extirpación quirúrgica de segmentos del intestino delgado es una práctica que debe acometerse hoy en día en el tratamiento de algunos pacientes con enfermedades gastrointestinales graves, caso entre otras de la enfermedad de Crohn. El resultado es que los pacientes intervenidos padecen un trastorno denominado ‘síndrome del intestino corto’ y, en muchos casos, se ven abocados a alimentarse por vía intravenosa. Sin embargo, existe una solución para paliar este síndrome de intestino corto: el trasplante de intestino delgado. Pero hay un problema: el número de donantes es siempre insuficiente para suplir la demanda de trasplantes. Es decir, hace falta una fuente alternativa de órganos –en este caso, de intestinos– para poder responder a las necesidades de los pacientes susceptibles de someterse a un trasplante.


La técnica empleada en el estudio consiste en coger un órgano y administrar un detergente para eliminar todas las células –un proceso denominado ‘descelularización’–, lo que da como resultado un ‘órgano hueco’ o, lo que es lo mismo, una estructura o andamio del órgano formado por la matriz extracelular que puede ‘rellenarse’ nuevamente con las células apropiadas. Y si bien los autores ya habían empleado previamente esta técnica para generar pulmones y riñones en modelos animales –ratas– e, incluso, regenerar células del miocardio en corazones humanos descelularizados, en el nuevo trabajo la emplearon para descelularizar segmentos de 4 centímetros de intestino delgado de ratas.



Lógicamente, la dificultad de la técnica no se encuentra tanto en lograr una estructura hueca del órgano como en rellenarla, lo que requiere la generación a partir de células madre de células epiteliales para la pared intestinal y de células endoteliales para los vasos sanguíneos. Así, lo que hicieron los autores fue promover la diferenciación de iPS humanas en células precursoras intestinales y colocarlas en los segmentos descelularizados. Y posteriormente, una vez formada la capa de epitelio al cabo de dos semanas, ‘repoblaron’ los canales vasculares con células endoteliales humanas generadas a partir de las iPS. El resultado es un ‘prototipo’ de segmento de intestino delgado que deberá ser introducido en un biorreactor de perfusión para su maduración –lo que se logra al cabo de tan solo siete días.


Pero una vez madurados, ¿estos segmentos son realmente funcionales? Pues sí. Los experimentos in vitro constataron el paso de sangre a través de los nuevos vasos sanguíneos y la transferencia de glucosa y ácidos grasos desde el interior de los segmentos al torrente circulatorio. Además, las células epiteliales que repoblaron las paredes de los segmentos mostraron la misma estructura polarizada que se observa en los epitelios intestinales naturales.



Finalmente, los autores unieron algunos de los segmentos intestinales ‘repoblados’ a las arterias carótidas y las venas yugulares de ratas, observando cómo los vasos sanguíneos de los segmentos se llenaban inmediatamente de sangre y cómo las inyecciones de glucosa y ácidos grasos administrados a las cuatro semanas en los segmentos daban lugar a un incremento de los niveles sanguíneos de azúcar y lípidos de los animales –un resultado que confirmó la absorción de nutrientes–. Es más; los segmentos también presentaron algunos tipos de células típicas de las paredes intestinales que, sin embargo, no se detectaron durante su ‘repoblación’ y cultivo, lo que indica que el proceso de maduración del tejido continúa una vez es transferido a un animal vivo.



Como concluye Harald Ott, «nuestros experimentos con animales vivos muestran que las iPS humanas diferenciadas en células intestinales pueden ensamblarse en un injerto intestinal con un alto nivel de organización y conectadas al sistema vascular de un receptor para permitir la absorción de nutrientes. El próximo paso será lograr una mayor maduración de los injertos y adaptarlos al tamaño del ser humano, para que así puedan algún día ofrecer una alternativa más accesible que los trasplantes de intestino delgado para los pacientes con el síndrome de intestino corto. Además, estos injertos específicos para cada paciente y ‘a demanda’ no requerirán, al menos en teoría, el uso de fármacos inmunosupresores».

sábado, 1 de julio de 2017

Desarrollado el primer ‘mini-colon’ humano a partir de células madre

Fuente: http://www.abc.es/salud/enfermedades/abci-desarrollado-primer-mini-colon-humano-partir-celulas-madre-201706221804_noticia.html


Los nuevos organoides posibilitan un estudio mucho más preciso de las enfermedades del colon y facilitarán en el futuro el desarrollo de tejidos y órganos para el trasplante.



Imagen por microscopía confocal de un 'mini-colon' derivado de iPS humanas.





Las células madre pluripotentes (iPS) tienen la capacidad de diferenciarse en cualquier tipo de célula del organismo, por lo que, cuando menos en teoría, pueden ser utilizadas para crear órganos y tejidos sanos con los que reemplazar a aquellos deteriorados por una lesión o enfermedad o, simplemente, por el paso de los años. Tal es así que las terapias con células madre podrían suponer el futuro de la medicina regenerativa, cuando no de la medicina en general. Un futuro, además, que podría encontrarse a la vuelta de la esquina. Y es que en los últimos años se han dado pasos agigantados en esta dirección con el desarrollo de distintos ‘organoides’ –esto es, de estructuras tridimensionales que imitan lo que sucede en un órgano– a partir de células madre humanas, caso entre otros de ‘mini-retinas’, ‘mini-estómagos’ o ‘mini-hígados’. Unos avances a los que se suma, como muestra un estudio dirigido por investigadores del Centro Médico del Hospital Infantil de Cincinnati (EE.UU.), la ‘creación’ de un colon embrionario –o ‘mini-colon’– derivado de iPS humanas, lo que permitirá un estudio mucho más preciso de las patologías del tramo final del tracto gastrointestinal y, en el futuro, el desarrollo de tejidos sanos para su trasplante.


Como explica James Wells, director de esta investigación publicada en la revista «Cell Stem Cell», «las enfermedades que afectan a esta región del tracto gastrointestinal son altamente prevalentes, caso de la colitis, del cáncer de colon o del síndrome del intestino irritable. Hasta ahora, la manera en la que hemos podido estudiar estas enfermedades ha estado ciertamente limitada dado que, entre otros aspectos, los modelos animales como los ratones no recrean de forma precisa los procesos que tienen lugar en el tracto gastrointestinal en las enfermedades humanas. Así, este nuevo sistema posibilita una recreación muy efectiva de las patologías y el desarrollo en humanos».



Los autores del nuevo trabajo ya tenían experiencia en la generación de organoides a partir de iPS humanas. De hecho, en 2009 ya fueron capaces de crear un ‘mini-intestino’ en fase embrionaria con un sistema nervioso funcional y dos de las regiones –el antro y el fundus– que se encuentran en el estómago humano. Sin embargo, parece que el desarrollo de un ‘mini-intestino’ o de cualquier otra región del tracto gastrointestinal es muy fácil cuando se compara con un ‘mini-colon’. Y es que hasta ahora no se sabía nada sobre los procesos genéticos y moleculares que inducen a las iPS a diferenciarse y unirse para formar un organoide colónico funcional.



En primer lugar, los autores recurrieron a tejidos de modelos animales –ratones y ranas– y humanos para identificar las señales moleculares que orquestan el desarrollo embrionario del intestino posterior, esto es, la región a partir de la cual se forma todo el intestino delgado –incluido el colon–. Y lo que vieron es que la proteína SATB2 –una proteína ligante de ADN que facilita la organización estructural de los cromosomas en los núcleos celulares– es la responsable de coordinar todo este proceso tanto en los animales como en humanos.


En segundo lugar, observaron que el factor de crecimiento denominado ‘proteína morfogénica ósea’ (BMP) es totalmente necesario para que la SATB2 lleve a cabo su función y ‘empuje’ a las iPS a diferenciarse y desarrollar los tejidos que darán lugar al intestino posterior. Así, lo que hicieron fue añadir este BMP a los cultivos de iPS durante tres días, lo que provocó la activación de un grupo de genes que, denominados ‘HOX’, regulan todo el desarrollo embrionario del organismo –desde los dedos de los pies hasta la cabeza–. En definitiva, la adición de SATB2 y de BMP es la clave para convencer a las iPS para que formen un ‘mini-colon’ funcional. Pero, ¿es realmente funcional? Es decir, ¿actúa como lo haría un colon humano generado de forma natural?


Para responder a esta pregunta, los autores trasplantaron los nuevos organoides en las cápsulas renales de ratones a los que habían sometido a un estado de inmunosupresión –o lo que es lo mismo, a los que habían ‘apagado’ su sistema inmune para que no se produjera un rechazo del trasplante–. Y lo que vieron es que, una vez en los animales, los organoides asumieron la forma, estructura y características celulares y moleculares del colon humano.


En definitiva, y en espera de que el procedimiento posibilite en el futuro el desarrollo de colones –que no simples ‘mini-colones’– para su trasplante, los organoides abren una nueva etapa en la investigación de las enfermedades de la última región del tracto gastrointestinal.


Como indica Jorge Munera, co-autor de la investigación, «al exponer a estos organoides a los desencadenantes inflamatorios, podremos conocer cómo las capas celulares del colon y las células sobre las que se disponen cooperan para responder a la inflamación. Un estudio que podría ser muy relevante para los pacientes con enfermedad de Crohn o colitis ulcerosa. Y dado que la flora intestinal se concentra mayoritariamente en el colon, los organoides también podrían utilizarse para recrear el microbioma humano tanto en la salud como en la enfermedad».


Es más; como apuntan los autores, los nuevos organoides del colon también podrían utilizarse como plataforma para probar nuevos fármacos antes de que sean utilizados en los ensayos clínicos. Y es que como recuerda James Wells, «la mayoría de los fármacos orales son absorbidos en el organismo a través del intestino».

Más cerca de la producción de hígados para trasplante a partir de células madre

Fuente: http://www.abc.es/salud/enfermedades/abci-mas-cerca-produccion-higados-para-trasplante-partir-celulas-madre-201706141938_noticia.html



Identificadas las bases genéticas y moleculares del desarrollo fetal del hígado en humanos, que ahora podrán aplicarse para producir hígados ‘artificiales’ totalmente funcionales.



Imagen por microscopía de un organoide hepático en el tercer día de desarrollo.




El pasado año se realizaron en nuestro país un total de 1.159 trasplantes hepáticos. Una intervención que, a día de hoy, se presenta como la única opción para salvar las vidas de los pacientes con una enfermedad hepática terminal. El problema es que, si bien España es el líder mundial incontestable –desde hace ya 25 años– en materia de donación y trasplante, el número de donantes siempre será limitado. Más aún en el resto de países. Entonces, ¿qué se puede hacer? Pues acudir a otras fuentes potenciales de órganos, caso muy especialmente de la medicina regenerativa. Y es que, cuando menos en teoría, las células madre pueden convertirse en cualquier célula de cualquier tejido y, por ende, suponen una fuente inagotable de nuevos órganos para trasplante. El problema es que aún no se ha logrado replicar lo que sucede en la Naturaleza, por lo que los órganos creados artificialmente no son, por el momento, viables. De ahí la importancia de un nuevo estudio dirigido por investigadores del Centro Médico del Hospital Infantil de Cincinnati (EE.UU.), en el que se identifican las bases genéticas y moleculares del desarrollo fetal del hígado en humanos y, por tanto, abre la puerta a la producción de hígados ‘artificiales’ totalmente funcionales.


Como explica Takanori Takebe, director de esta investigación publicada en la revista «Nature», «la capacidad de crear hígados y tejidos hepáticos trasplantables mediante técnicas de bioingeniería supondría un gran beneficio para todas aquellas personas que padecen enfermedades hepáticas y necesitan tratamientos innovadores para salvar sus vidas. Nuestros resultados nos ofrecen un conocimiento nuevo y detallado de cómo las células hepáticas en desarrollo se comunican entre sí y, por tanto, muestran que podemos producir hígados que se parezcan de forma muy notable a los que forman las células fetales durante el desarrollo embrionario».


En el estudio, los autores emplearon técnicas de secuenciación de ARN de células individuales –o de ‘célula única’– para ver los cambios que se producían en cada célula cuando estas se combinaban en un microambiente tridimensional. Y es que es en los modelos tridimensionales –como un ‘organoide’, esto es, una estructura que imita lo que sucede en un órgano–, que no en los bidimensionales –como una placa de laboratorio–, donde se puede ver cómo se comunican entre sí los distintos tipos de células –en el caso del hígado, las células vasculares, las células conjuntivas y las células hepáticas.









En primer lugar, los autores fueron capaces de identificar los factores de transcripción –esto es, las proteínas que le dicen al ADN qué gen expresar y cuándo– y las señales moleculares y receptores activados por cada célula antes y después de unirse para formar un tejido hepático. Y como refiere Takanori Takebe, «observamos un cambio radical en las conversaciones genéticas y moleculares entre las células, así como la forma en que estas células se comportaron cuando se desarrollaron juntas en un microambiente tridimensional».


En segundo lugar, los autores pudieron comparar lo que sucedía en las células de, por una parte, sus organoides hepáticos creados a partir de células madre y, por otra, los hígados adultos y embrionarios. Y lo que vieron es que sus ‘mini-hígados artificiales’ tenían unos perfiles genéticos y moleculares muy parecidos a los que se encuentran en los órganos ‘naturales’.


Como indica Barbara Treutlein, co-autora de la investigación, «nuestros resultados revelan, en una resolución exquisita, que las conversaciones que tienen lugar entre los distintos tipos de células cambian estas células en una forma que imita estrechamente lo que sucede durante el desarrollo embrionario. Todavía tenemos mucho que aprender sobre la mejor manera posible de generar tejidos hepáticos humanos totalmente funcionales en una placa de laboratorio. Pero este es sin duda un gran paso en esta dirección».



Para crear un órgano, ya sea natural o artificial, es necesario que las células expresen los genes correctos en el momento preciso. Y como reconocen los autores, la expresión genética que tiene lugar durante el desarrollo de sus organoides hepáticos no cuadra exactamente con lo observado durante el crecimiento fetal de los hígados humanos. Una falta de sincronización que, según los propios investigadores, podría explicarse por las notables diferencias existentes entre los microambientes de sus organoides artificiales –una placa de laboratorio– y los hígados ‘naturales’ –un organismo vivo.



Sea como fuere, concluye Takanori Takebe, «los nuevos datos genéticos y moleculares descubiertos en nuestro estudio se emplearán en el futuro para mejorar los organoides hepáticos y replicar de forma precisa la diferenciación de los distintos tipos de células que tiene lugar durante el desarrollo fetal humano».

domingo, 19 de febrero de 2017

Crean embriones híbridos entre humanos y cerdos con células madre

Fuente: http://www.agenciasinc.es/Noticias/Crean-embriones-hibridos-entre-humanos-y-cerdos-con-celulas-madre


Investigadores del Instituto Salk de EE UU han creado embriones quiméricos entre humano y cerdo con células madre de seres humanos. Previamente los expertos desarrollaron un ratón con órganos de rata. La investigación supone un primer paso para la incubación de órganos humanos en animales con el objetivo de usarlos en trasplantes y medicina regenerativa.



Inyección de células pluripotentes humanas en un blastocito de cerdo.





La incubación de órganos humanos en animales para su uso en trasplantes y medicina regenerativa ha dado un nuevo paso, según los resultados de un estudio publicado en la revista Cell que cuenta con participación española.


Investigadores del Instituto Salk de Estudios Biológicos (EE UU), entre los que se encuentra el español Juan Carlos Izpisúa Belmonte, han logrado incubar con éxito los primeros embriones con células madre de humanos y cerdos.


“La meta es desarrollar tejidos orgánicos y órganos funcionales que puedan usarse en trasplantes, aunque aún estamos muy lejos de conseguirlo. Pero es un primer paso muy importante”, explica Izpisua.


Uno de los principales problemas durante décadas de trabajo ha sido conseguir que las células madre creadas en placas de Petri se convirtieran en órganos funcionales.


Izpisúa lo compara con duplicar una llave, “pueden parecer idénticas, pero al llegar a casa, la copia no abre. Algo estábamos haciendo mal”. Para los investigadores, el cambio de enfoque e incubar estos órganos en animales resultó ser una idea mucho más fructífera.


Los primeros experimentos se llevaron a cabo con ratones, inyectando células madre de rata en embriones de ratón y dejándolos madurar. Mediante herramientas de edición de genoma, como CRISPR, se ha trabajado con embriones fertilizados.


En esos embriones se eliminaron genes involucrados en el crecimiento de órganos como los ojos, el corazón o el páncreas y se rellenaron esos huecos con su equivalente en genes de rata. El resultado fue un animal quimérico, un ratón híbrido con ojos, corazón y páncreas de rata.



El siguiente paso fue integrar genes humanos en embriones animales. Aunque en un primer momento se barajó el uso de vacas y cerdos debido a su tamaño, finalmente el equipo se centró en el ganado porcino por su potencial económico.


Aún así, el esfuerzo ha sido considerable, un tour de force, como lo define Izpisúa. El estudio ha involucrado a más de 40 personas durante más de cuatro años, y en él se han usado unos 1.500 embriones.


Otra de las dificultades fue la velocidad en el periodo de gestación de los cerdos, un tercio más lento en comparación con los humanos. Los científicos tenían que inyectar las células humanas en el momento justo para coincidir con el estado de desarrollo equivalente en el animal.


Izpisúa lo define así: “Es como si las células humanas entrasen en una autopista a mayor velocidad que la permitida. Así es más fácil que se produzcan accidentes”.


Se usaron distintos tipos de células humanas para comprobar cual tenía una mayor tasa de supervivencia. Las que mostraron mayores posibilidades para su desarrollo y mayor supervivencia fueron las llamadas células pluripotentes.


Quimera de un año creada integrando células madre de rata en un blastocito de ratón.




Las células supervivientes formaron un embrión quimérico entre humano y cerdo que se implantó en cerdas y así se estudió su desarrollo durante tres o cuatro semanas, tiempo suficiente para evitar problemas éticos y entender cómo se mezclan las células de cerdo y humanas.


Los resultados iniciales muestran que el nivel de contribución de las células humanas a estos embriones quiméricos no era demasiado alto, algo que los científicos consideran buenas noticias, precisamente por la preocupación ética que supone crear quimeras "demasiado humanas".


“Primero queríamos saber si las células humanas contribuyen lo suficiente como para decidir si continuar con la investigación. Ahora que sabemos que podemos hacerlo, el siguiente paso será mejorar la eficiencia de esas células madre para formar órganos concretos en cerdos”, concluye Izpisúa.


La investigación sigue su curso en esa línea. Para ello usarán el mismo método de ´corta-pega genético´ usando CRISPR que se utilizó con los ratones, editando el genoma del cerdo y llenando los huecos con células humanas.




Referencia bibliográfica:

Jun Wu, et al. "Interspecies Chimerism with Mammalian Pluripotent Stem Cells”. Cell, 2017 DOI: http://dx.doi.org/10.1016/j.cell.2016.12.036

Un paso hacia el cultivo en cerdos de órganos humanos

Fuente: http://elpais.com/elpais/2017/01/26/ciencia/1485444642_380126.html


La utilización de quimeras cerdo/humano para trasplantes aún queda lejos, pero su uso para probar nuevos fármacos no lo está tanto.



Corazón de rata (en rosa) en un embrión de ratón.





Los dos grandes temas de la biología de los últimos años son las células madre y la edición genómica, y no es extraño que la combinación de ambos esté empezando a abrir nuevas avenidas a la investigación biomédica. Es combinando esas dos técnicas como los científicos acaban de dar el primer paso firme para crear quimeras de cerdo y humano. Y para disipar un tabú que puede resultar muy dañino en el futuro próximo: el de no cruzar la barrera de las especies. Si eso puede beneficiar a la medicina, piensan los científicos, habrá que cruzarla.


El objetivo final de estas quimeras es cultivar en cerdos órganos humanos para trasplantes. Y aún está lejos. Pero hay otras aplicaciones secundarias, o intermedias, que no lo están tanto, como el de probar medicamentos en esos órganos humanos desarrollados en embriones de nuestro pariente porcino. Por el momento, la élite de este campo ha conseguido cultivar en ratones páncreas, corazones y ojos de ratas; y también generar células y tejidos humanos en embriones de vaca y cerdo. Son resultados espectaculares en sí mismos. Y su mera utilidad para la ciencia básica sería ya una noticia.


También hay una mala noticia. La integración de células humanas y órganos humanos en el desarrollo de un embrión de cerdo o de vaca –una estrategia ganadora para generar órganos trasplantables— está planteando más problemas técnicos de los previstos. La biología es una ciencia de la complejidad, y no es raro que haya que entenderla a fondo antes de conseguir aplicaciones prácticas. Lo que sirve para un órgano de rata en un ratón, no sirve en este caso para un órgano humano en un cerdo. La naturaleza no siempre se lo pone fácil a la ingeniería biológica.


“Hemos demostrado”, dice el jefe de la investigación, Juan Carlos Izpisúa, “que una tecnología de alta precisión permite que un organismo de una especie produzca un órgano concreto compuesto de células de otra especie; esto nos aporta una herramienta importante para estudiar la evolución de las especies, su biología y sus enfermedades, y al final puede conducir a la capacidad de cultivar órganos humanos para trasplantes”. El científico del Instituto Salk de California presenta sus resultados en el artículo principal de Cell, la publicación de referencia en biología molecular. Como en anteriores trabajos, ha contado con una colaboración importante de la Universidad Católica de Murcia y del nefrólogo Josep Maria Campistol, del Hospital Clinic de Barcelona.



Desde 1998, cuando un grupo de la Universidad de Wisconsin en Madison halló la forma de aislar células madre de embriones humanos, los biólogos han planteado la posibilidad de usar esas células para fabricar órganos humanos trasplantables a pacientes. Casi veinte años después, generar órganos en la placa Petri se ha demostrado engorroso. La investigación de Izpisúa en los últimos años ha planteado la opción, seguramente más realista a medio plazo, de cultivar los órganos humanos en quimeras, o huéspedes de otras especies.


La técnica requiere edición genómica, y los científicos del Salk han utilizado su versión más poderosa: CRISPR, el método de modificación de ADN que ha revolucionado los laboratorios de genética. El grupo de Izpisúa la usa, por ejemplo, para desconectar el gen maestro que hace el páncreas en el ratón. Luego inyectan en el embrión de ratón células madre de rata que tienen intacto el gen maestro del páncreas. Los embriones se implantan en una ‘rata madre de alquiler’ y se desarrollan normalmente, salvo que su páncreas no es de rata –no puede serlo—, sino de ratón. Cambiando ratón por humano, y rata por cerdo, esto sería una factoría de páncreas humanos. Pero todavía no funciona bien.


“Todos los ratones se desarrollaron de forma saludable y gozaron de una esperanza de vida normal, lo que revela que sus procesos de desarrollo fueron normales”, explica el primer autor del trabajo, Jun Wu, del Salk. Crecer órganos humanos en un embrión de cerdo, por desgracia, está planteando problemas técnicos imprevistos. Aun así, las células y tejidos humanos cultivados en cerdo podrán utilizarse pronto, esperan los científicos, para probar candidatos a fármacos de formas drásticas y eficaces: de formas en que no se pueden probar en una persona.


La era de las 'incubadoras animales' para órganos humanos

Fuente: http://www.elmundo.es/salud/2017/01/26/588a1a62e5fdea4f648b4578.html





En una sociedad acelerada que vive y quiere las cosas aquí y ahora, cuestiones que necesitan tiempo para obtener resultados, como la ciencia, son con frecuencia denostadas. Pero en el largo camino de la investigación, cada pequeño paso cuenta. Uno de los retos que preocupan a la medicina hace tiempo es la falta de órganos y tejidos para trasplante, y para ello hace algunos años se planteó la posibilidad de hacerlos crecer en el cuerpo de ciertos animales, concretamente en cerdos, como si fueran incubadoras de órganos.


Las denominadas quimeras interespecíficas -organismos que contienen células de diferentes especies- podrían contribuir a que la creación de un órgano cuando se necesite deje precisamente de ser una quimera, una ilusión. Pero a corto plazo ofrecen aplicaciones no menos interesantes, como un mejor conocimiento de la evolución de las especies, la embriogénesis humana (el desarrollo en las primeras fases hasta convertirse en feto) y la progresión de enfermedades, según explica Juan Carlos Izpisúa Belmonte, al frente del Laboratorio de Expresión Génica del Instituto Salk (California).


La revista Cell ha publicado los resultados que ha obtenido por ahora su equipo en esta línea de investigación. Los científicos han conseguido por primera vez integrar células humanas en embriones de cerdo. Pero antes de dar ese paso con los cerdos que se encuentran en una granja en Murcia, en una primera etapa del trabajo crearon una quimera ratón-rata introduciendo células de rata en embriones de ratón.


Para ello, usaron la técnica CRISPR de edición del genoma (el famoso corta y pega genético) en cigotos fecundados de ratón. Primero se eliminó la expresión de un determinado gen crucial para el desarrollo de un órgano concreto y después se introdujeron las células madre de rata en los embriones para ver si rellenaban ese hueco generado. A medida que el organismo maduraba, las células de rata llenaban ese espacio y formaban tejidos funcionales del órgano concreto. Empezaron con el páncreas, y siguieron con el ojo y el corazón.


Los ratones crecieron sanos y no hubo rechazo. Izpisúa explica a EL MUNDO que aún están estudiando cómo están los órganos quiméricos y cómo se relacionan los dos tipos celulares entre sí, pero manejan una teoría para esa falta de rechazo. "Debido a que la inyección de células de rata se produce muy pronto en el desarrollo del ratón, concretamente en el estado de blastocisto [embrión en una fase inicial], nuestra hipótesis es que el sistema inmune todavía no se ha desarrollado y estas células no son atacadas por su entorno. Cuando el sistema inmune se desarrolla, estas células ya están presentes en el organismo y no son reconocidas como extrañas", señala el investigador.


Imagen de un feto de quimera ratón-rata. El color rojo corresponde a las células de rata.



Otro aspecto interesante que arrojó esa primera parte del trabajo es que las células de rata formaron una vesícula biliar en el ratón, órgano que las ratas dejaron de desarrollar hace más de 18 millones de años cuando se separaron evolutivamente de los ratones. Jun Wu, investigador principal de este estudio, explica que el embrión de ratón fue capaz de desbloquear la ruta, inhibida evolutivamente en la rata, para la formación de la vesícula. "Los resultados demuestran la importancia del ambiente o nicho del animal receptor en el desarrollo de órganos y la especialización evolutiva", indica Wu.


Se sabe que la interacción con el medio ambiente provoca los cambios epigenéticos (los que se dan por la epigenética, las marcas químicas que alteran el funcionamiento del gen sobre el que se sitúan), pero este descubrimiento plantea si ese otro ambiente, el que rodea al embrión, afecta también el comportamiento de los genes y su desarrollo. "Epigenética y ambiente están ligados. Sí que sería una de las causas posibles y es una de las preguntas que nos hemos hecho e intentamos resolver", asegura Izpisúa.


No es la primera vez que se crea una quimera ratón-rata. La revista Nature publicaba un trabajo del doctor Hiromitsu Nakauchi, de la Universidad de Stanford, que ha conseguido cultivar dentro de ratas islotes pancreáticos de ratón y se los ha trasplantado a ratones diabéticos. El primer paso se dio en 2010 cuando precisamente el doctor Nakauchi publicó en Cell un trabajo pionero que demostraba que era posible generar un páncreas de rata dentro de un ratón. Izpisúa señala que desde ese momento ha flotado en el aire la idea de generar órganos y tejidos humanos usando quimeras humano-cerdos. La razón por la que ha llevado tanto tiempo encontrar la primera evidencia es que el tipo de células donantes son clave en estos experimentos.


"En los últimos años hemos visto avances emocionantes en el campo de las células madre pluripotentes humanas y la comprensión de que existe más de un estado de pluripotencia", comenta Izpisúa. Se refiere el investigador albaceteño a la revolución que supuso en 2012 la técnica de Shinya Yamanaka, que le valió un Premio Nobel, mediante la cual se consigue dar marcha atrás al reloj biológico de una célula adulta para transformarla en una pluripotente (iPS), similar a las células madre que hay en los embriones, es decir, conseguir células madre sin necesidad de manipular embriones. Y posteriormente los distintos tipos de iPS: naive, que representan un estado de desarrollo más temprano, y primed, más desarrolladas pero aún pluripotentes. El equipo de Izpisúa ha generado un tercer tipo de pluripotentes que se encuentra entre ambos estados de desarrollo, las iPS intermedio.


Ésas son las que demostraron una mejor supervivencia cuando las inyectaron en los embriones de cerdo. En esta segunda etapa del trabajo se presentaban otros desafíos distintos. Por un lado, la gestación del cerdo dura aproximadamente un tercio de la humana. "La idea es sincronizar las células humanas con los embriones del cerdo de modo que el animal las incorpore e instruya para diferenciarse correctamente durante la embriogénesis. Es como si las células humanas entraran en una autopista que va mucho más rápido que una normal; si tienes velocidades diferentes, tendrás accidentes", dice Izpisúa.


Los cerdos y los humanos, por otro lado, están evolutivamente hasta cinco veces más distantes que la rata y el ratón. Puede que eso explique la baja contribución de las células humanas en los cerdos, mucho menor que en el caso de la rata-ratón. En este último caso, por ejemplo, el corazón tiene un 10% de contribución, y en el hígado, menos del 0,1%. "Los niveles también varían entre diferentes inyecciones y embriones, lo que refleja la naturaleza aleatoria de la generación de quimeras. En el caso de las células humanas el porcentaje es probablemente menos de una célula en 100.000 células de cerdo", indica Izpisúa.

Juan Carlos Izpisúa Belmonte, que lidera el equipo del Instituto Salk, con Jun Wu, uno de los autores del trabajo.



El investigador señala que cuanto más lejana es la distancia evolutiva, más difícil es que las células de dos especies se mezclen eficientemente. "Por lo tanto, además de generar nuevas iPS humanas, es probable que tengamos que confiar en la edición genética/epigenética de estas células para mejorar su supervivencia y la compatibilidad con el anfitrión".


Además, el experimento se detuvo a las cuatro semanas de gestación. "El estudio se centraba en demostrar que las células humanas pueden sobrevivir y formar parte de un embrión de cerdo, con resultados muy positivos. Antes de conseguir un órgano humano necesitamos superar varios retos científicos, técnicos, éticos y sociales", comenta Izpisúa.


De los dos últimos se desprende también la legislación sobre el tema. En California el permiso sólo les permite llevar el embarazo del cerdo hasta las cuatro semanas. En España se permite hasta antes del nacimiento, que es de 112-114 días. "Pero decidimos no hacerlo. Creemos que es importante en esta etapa evaluar primero si las células humanas pueden contribuir a los embriones de cerdo, cuánto y cómo contribuyen. Es importante para desarrollar futuras estrategias que incrementen la eficacia de los experimentos para evitar su distribución a ciertos tejidos, como el cerebro o las células germinales, que son fuente de preocupaciones éticas", argumenta Izpisúa Belmonte.


El investigador señala que el siguiente paso será diseñar "una condición de cultivo que sea capaz de mejorar la contribución de las células humanas. Una estrategia adicional es combinar la mejora de las células humanas con la edición de cigotos de cerdo mediante la tecnología CRISRP-CAS9 para facilitar y dirigir la integración de las células específicamente en un tejido determinado en el organismo receptor". Izpisúa recalca que por último, pero no menos importante, están desarrollando "una estrategia de edición genética/epigenética para evitar que las células humanas contribuyan al cerebro y a la línea germinal", tema éticamente espinoso, como señalaba el científico.


El trabajo es un paso más hacia el camino de crear órganos humanos en incubadoras animales. De hecho, Izpisúa le ha dedicado el estudio a Rafael Matesanz, director de la Organización Nacional de Trasplantes que se jubila en marzo tras 28 años al frente de este organismo. "Para mí el quehacer diario de la ONT y de Rafa ha sido una fuente de inspiración continua para llegar hasta aquí, y es algo de lo que todos los españoles debemos de estar muy orgullos", incide Izpisúa Belmonte.


En el trabajo, además del Instituto Salk de EEUU, participan científicos de la Universidad Católica de Murcia, que promueve y financia el proyecto, la Fundación Pedro Guillén, la Clínica CEMTRO de Madrid, la Universidad de Murcia y el Hospital Clinic de Barcelona.


domingo, 12 de febrero de 2017

Logran por primera vez un páncreas de rata cultivado en ratones que puede ayudar a revertir la diabetes

Fuente: http://www.abc.es/salud/enfermedades/abci-pancreas-raton-cultivados-ratones-ayudan-revertir-diabetes-ratones-201701251917_noticia.html


Un estudio confirma la viabilidad del cultivo de órganos de una especie en el cuerpo de otro para ser empleados en trasplantes.







La medicina regenerativa ha vuelto dar una vuelta de tuerca al cultivar tejidos en animales y trasplantarlos posteriormente a otros con diabetes para tratar así la enfermedad. En concreto, los investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford (EE.UU.) y del Instituto de Ciencias Médicas de la Universidad de Tokio (Japón) han logrado que islotes pancreáticos (grupos de células que se encargan de producir hormonas como la insulina) de ratón, cultivados en ratas y posteriormente trasplantados en ratones diabéticos, puedan funcionar normalmente durante periodos prolongados de tiempo. Publicado en «Nature», el estudio demuestra cómo los órganos de una especie pueden crecer dentro del cuerpo de otro, un método que podría un día ayudar a la producción de tejidos y órganos humanos para los trasplantes.


Cuando la medicación no logra estabilizar la diabetes tipo I, caracterizada por la pérdida de células productoras de insulina, el trasplante de islotes pancreáticos puede ofrecer esperanza a los pacientes. Sin embargo es complicado encontrar un donante adecuado, un problema que comparten los diabéticos con los miles de pacientes que están a la espera de un trasplante de cualquier tipo.


Para llevar a cabo el ensayo, el equipo de Hiromitsu Nakauchi implantó células madre pluripotentes de ratón, que pueden convertirse en cualquier célula del cuerpo, en embriones de rata -Las células madre pluripotentes o iPS tienen el potencial de fabricar cantidades ilimitadas de células y tejidos de reemplazo-. Las ratas habían sido genéticamente modificadas para ser incapaces de desarrollar su propio páncreas y, por lo tanto, se vieron obligadas a ‘confiar’ en las células del ratón para el desarrollo del órgano. Así, se inyectaron células madre pluripotentes de ratón en ratas embrionarias que no pudieron cultivar su propio páncreas.


Una vez que las ratas nacieron y crecieron, los investigadores trasplantaron las células productoras de insulina, que se agrupan en grupos llamados islotes, de los páncreas crecidos en ratas a los ratones genéticamente modificados. A estos ratones, además, se les había administrado un fármaco para hacerlos desarrollar diabetes.


Los resultados fueron sorprendentes. «Vimos que los ratones diabéticos fueron capaces de normalizar sus niveles de glucosa en sangre durante más de un año después del trasplante de tan sólo 100 de estos islotes», señala Nakauchi. «Además, los animales receptores sólo necesitaron tratamiento con fármacos inmunosupresores durante los cinco días posteriores al trasplante».


Después de 10 meses, los investigadores eliminaron los islotes de un subconjunto de los ratones para su análisis. «Los examinamos para buscar la presencia de células de rata, pero descubrimos que el sistema inmunológico del ratón las había eliminado -afirma Nakauchi-. Esto es muy prometedor para nuestra esperanza de trasplantar órganos humanos cultivados en animales porque sugiere que cualquier célula animal contaminante podría ser eliminada por el sistema inmunológico del paciente después del trasplante».


Es importante destacar que los investigadores tampoco apreciaron signos de formación de tumores u otras anomalías causadas por las células madre pluripotentes de ratón que formaron los islotes. La formación de tumores es a menudo una preocupación cuando las células madre pluripotentes se utilizan en un animal debido a la notable plasticidad de desarrollo de las células. Los investigadores creen que la falta de cualquier signo de cáncer es probablemente debida al hecho de que las células madre pluripotentes de ratón fueron guiadas para generar un páncreas dentro del embrión de rata en desarrollo, en lugar de persuadir a convertirse en células de islotes en el laboratorio.


Generar genéticamente órganos humanos en animales de gran tamaño podría aliviar la escasez y liberar a los receptores de trasplante de la necesidad de inmunosupresión de por vida, dicen los investigadores. Las personas que sufren de diabetes también podrían beneficiarse de este enfoque.


La diabetes es una enfermedad metabólica en la que una persona o un animal es incapaz de fabricar o de responder apropiadamente a la insulina, que es una hormona que permite al cuerpo regular sus niveles de azúcar en la sangre en respuesta a las comidas o al ayuno. La enfermedad afecta a cientos de millones de personas en todo el mundo y su prevalencia está aumentando. Se ha demostrado que el trasplante de islotes funcionales de páncreas sanos es una opción potencialmente viable para tratar la diabetes en humanos, siempre y cuando se pueda evitar el rechazo.


Los investigadores están trabajando en experimentos similares de animal a animal para generar riñones, hígados y pulmones. Ahora bien, aunque el estudio es una ‘prueba de concepto’, sus autores reconocen que el escenario aquí descrito tendría que ser modificado para la aplicación humana. Los órganos tendrían que ser generados en animales más compatibles con los seres humanos, tanto en tamaño y distancia evolutiva, como ovejas, cerdos o primates no humanos.

lunes, 16 de enero de 2017

Fabrican parte de un estómago en el laboratorio

Fuente: http://www.abc.es/salud/enfermedades/abci-fabrican-parte-estomago-laboratorio-201701042128_noticia.html


Imagen al microscopio del tejido estomacal creado en el laboratorio del Hospital Infantil de Cincinnati.




Soñamos con poder fabricar nuestros órganos y tejidos humanos de recambio en el laboratorio. En ese futuro, que se antoja no muy lejano, las listas de espera para trasplante ya no tendrán sentido. En ese camino en el que trabaja la medicina regenerativa, científicos del Centro Médico del Hospital Infantil de Cincinnati (Estados Unidos) han dado un nuevo paso. Lo han hecho al desarrollar en una placa de Petri parte de un estómago humano a partir de células madre pluripotentes, es decir, que pueden convertirse en cualquier tipo de célula.

El tejido desarrollado se corresponde al cuerpo y al fundus del estómago y se comporta como un mini-órgano gástrico porque es capaz de producir enzimas digestivas y ácidos, según se describe en el estudio que publica la revista «Nature». Los investigadores necesitaron seis semanas para conseguir este mini-estómago funcional.


El estómago tiene cuatro partes: cardias, fundus, corpus (cuerpo), antro y el píloro. El cardias es la primera parte del estómago, que recibe los alimentos desde el esófago; el fondo es la sección del estómago que está formada por la curvatura mayor; el cuerpo (corpus) constituye la principal región central del órgano, y el píloro, junto con el antro constituye la última parte que vacía el contenido del estómago al duodeno.


Aunque aún no se puede pensar en que este mini-estómago suplante todas las funciones de un estómago, se cuenta con un estupendo banco de pruebas para probar nuevos tratamientos sin ensayarlos con pacientes reales. O también para estudiar enfermedades tan comunes que afectan a millones de personas relacionados con los males del estómago. Desde la incómoda acidez al cáncer gástrico. Este tumor es ya la tercera causa de muerte por enfermedad oncológica.


No es la primera vez que este grupo de investigadores desarrolla un tejido digestivo a partir de células madre. Lo consiguieron hace dos años reproduciendo una región encargada de producir las hormonas del estómago. Ahora se completa el puzzle y, lo que es más importante, han averiguado la ruta que sigue el estómago para su desarrollo desde el estado embrionario. «No podíamos fabricar tejido estomacal sin identificar antes cómo se forma normalmente en el embrión humano», explica Jim Wells, investigador principal.


domingo, 1 de enero de 2017

Confirmada la utilidad de los ‘minicerebros’ para el estudio de las enfermedades neurológicas

Fuente: http://www.abc.es/salud/enfermedades/abci-confirmada-utilidad-minicerebros-para-estudio-enfermedades-neurologicas-201612202027_noticia.html


Los ‘organoides cerebrales’ 3D creados a partir de células madre tienen una gran similitud tanto estructural como funcional con los cerebros reales humanos.


Sección transversal del organiode cerebral.





Hace ya tres años, investigadores del Instituto de Biología Molecular en la Academia Austríaca de Ciencias en Viena (Austria) desarrollaron por primera vez unos ‘mini-cerebros’ a partir de células madre que, dada su similitud a los cerebros humanos reales, podían ser utilizados para el estudio de numerosas enfermedades neurológicas, caso de la esquizofrenia o de la enfermedad de Alzheimer. No en vano, estos ‘mini-cerebros’ eran tridimensionales, por lo que eran mucho más parecidos a los órganos reales que todos los desarrollados hasta el momento en placas de laboratorio –y por lo tanto, bidimensionales–. O así era, cuando menos, en la teoría. Y es que aparte de esta equivalencia estructural, nunca se había comprobado si también había una mayor similitud funcional. De ahí la importancia de un nuevo estudio internacional dirigido por investigadores del Instituto Salk de Estudios Biológicos en La Jolla (EE.UU.), en el que se confirma la gran utilidad de estos ‘mini-cerebros’ 3D y, así, se abre una puerta a la investigación de las enfermedades cerebrales y al desarrollo de nuevos tratamientos.


Como explica Joseph Ecker, director de esta investigación publicada en la revista «Cell Reports», «la capacidad para hacer crecer las células cerebrales humanas como órganos tridimensionales en miniatura supone un avance muy importante. Y ahora que contamos con un modelo realista a nivel estructural, podemos empezar a preguntarnos si también es funcionalmente realista mediante el estudio de sus características genéticas y epigenéticas».



En los últimos años, equipos de investigación de todo el mundo han sido capaces de promover la diferenciación de células madre embrionarias en distintos tipos de células cerebrales. Un avance significativo que ha posibilitado la obtención de una gran cantidad de información sobre el funcionamiento cerebral pero que, sin embargo, tiene una limitación: el desarrollo de estas células cerebrales se ha llevado siempre a cabo en placas de laboratorio, por lo que únicamente se ha podido lograr una única capa celular. O lo que es lo mismo, un modelo bidimensional. Y obviamente, el cerebro no es un órgano de dos dimensiones, sino de tres.


En este contexto, un equipo de investigadores europeos ideó en 2013 un método para el crecimiento de células cerebrales embrionarias en un gel en 3D, en el que podían diferenciarse en capas similares a las que contiene un cerebro real. Pero, estos mini-cerebros o, como los bautizaron los propios autores, ‘organoides cerebrales’, ¿eran realmente funcionales? O lo que es lo mismo, ¿se comportaban de manera similar a como lo hace un cerebro real?


Para responder a esta pregunta, los investigadores del Instituto Salk han comparado, junto a los científicos del estudio original, el comportamiento de estos organoides cerebrales con el de muestras de tejido cerebral en la misma fase de desarrollo. Y como apunta Juergen Knoblich, director del primer trabajo y co-autor de la nueva investigación, «nuestro trabajo demuestra el destacable grado en el que un cerebro humano en desarrollo puede ser reproducido en un organoide cerebral en una placa de laboratorio».


En el nuevo estudio, los autores emplearon una línea de células embrionarias humanas denominada ‘H9’ y le administraron compuestos químicos para promover su diferenciación –o ‘neurodesarrollo’– a lo largo de 60 días, periodo durante el cual analizaron todos los patrones epigenéticos y marcadores de ADN implicados en la activación o silenciamiento de los genes. Y exactamente, ¿qué son estos patrones epigenéticos? Pues las alteraciones mediadas por el ambiente –caso, por ejemplo, de la dieta o el estrés– que si bien no alteran la secuencia de ADN, modifican la forma en la que se expresan los genes contenidos en este ADN.


Como destaca Chongyuan Luo, co-autor de la investigación, «hasta ahora, nadie había realizado una secuenciación epigenética de un organoide cerebral. Sin embargo, se trata de un aspecto muy importante para conocer el desarrollo cerebral, especialmente si se pretende utilizar estos tejidos para las terapias neurológicas».


No en vano, cada vez hay más evidencias de que estos patrones epigenéticos juegan un papel primordial en la aparición de muchas enfermedades –caso de la esquizofrenia.



Finalmente, los autores compararon sus resultados con los obtenidos en los modelos bidimensionales y en muestras de tejidos cerebrales con el mismo grado de desarrollo. Y lo que observaron es que los organoides cerebrales en 3D se parecían mucho más a los tejidos reales que los modelos bidimensionales. O dicho de otro modo, los organoides cerebrales se desarrollan de forma muy similar a la del cerebro real durante las primeras fases de diferenciación –aunque el grado de maduración que finalmente llegan a alcanzar sea muy inferior.


Como concluye Joseph Ecker, «nuestros resultados confirman que los modelos 3D del funcionamiento cerebral, esto es, los organoides cerebrales, son mucho más parecidos a los cerebros reales que los modelos bidimensionales».

domingo, 4 de diciembre de 2016

Recrean en laboratorio un intestino humano funcional

Fuente: http://www.tendencias21.net/Recrean-en-laboratorio-un-intestino-humano-funcional_a43453.html


Investigadores de Francia y Estados Unidos han conseguido crear en laboratorio un mini intestino humano funcional, a partir de células madre embrionarias. El resultado permitirá estudiar mejor las enfermedades digestivas, testar nuevas terapias e incluso desarrollar una medicina regenerativa con trasplantes intestinales personalizados, según los investigadores.



Investigadores del hospital infantil de Cincinnati en Estados Unidos y del Instituto de la Salud y la Investigación Médica (Inserm) de Francia, han conseguido recrear en laboratorio un intestino humano funcional, según se informa en un comunicado. 


Este avance médico, publicado en Nature Medicine, se ha conseguido mediante células madre humanas cultivadas en laboratorio. Hasta ahora no existía ningún modelo biológico que permitiera estudiar en laboratorio un intestino, considerado por la ciencia como el segundo cerebro. 


El intestino tiene su propio sistema nervioso que controla la actividad de los músculos intestinales. También es el encargado de la digestión, de producir algunas hormonas y de asegurar la permeabilidad de las paredes intestinales. Cualquier alteración en el funcionamiento de estas neuronas intestinales origina problemas de salud, algunos de ellos graves. 


Recrear esta actividad en laboratorio había sido hasta ahora muy complicado. Para superar los obstáculos técnicos, el equipo franco-americano ha puesto a punto una técnica innovadora que utiliza células madre humanas pluripotentes, un tipo de células madre capaces de generar la mayoría de los tejidos. 


Para conseguir que estas células se conviertan en intestinales, los investigadores añadieron diferentes complejos de moléculas en una placa de Petri. A continuación crearon células nerviosas en estado embrionario, denominadas células de la cresta neural, y las manipularon para conseguir células precursoras del sistema nervioso intestinal. 


Ambos tejidos crearon un nuevo tejido parecido al intestino de un feto. Cuando se desarrolló, emergieron del cultivo una serie de mini intestinos, denominados organoides intestinales.



El paso siguiente consistió en asegurar que estos organoides eran funcionales. Para ello implantaron estos organoides en ratones desprovistos de sistema inmunitario, para evitar rechazos, y observaron en directo que estos mini intestinos se parecían cada vez más al intestino humano y aseguraban las funciones fisiológicas propias de su naturaleza. 


Una vez validado este modelo, los investigadores pudieron estudiar una enfermedad intestinal rara, conocida como la enfermedad de Hirschsprung, capaz de provocar obstrucción intestinal porque en las personas afectadas el sistema nervioso intestinal no se ha desarrollado. Esta enfermedad puede incluso ser mortal si los enfermos son portadores de una mutación del gen PHOX2B. Un efecto demostrado ahora en laboratorio y en ratones. 


Esta investigación contribuye a una mejor comprensión de las enfermedades digestivas en las personas, de las que existen pocos modelos, y abre nuevas perspectivas a las terapias intestinales, con vistas incluso a un trasplante específico a cada paciente, según los investigadores.




Referencia bibliográfica:

An in vivo model of human small intestine using pluripotent stem cells. Nature Medicine 20, 1310–1314 (2014) doi:10.1038/nm.3737.