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domingo, 11 de diciembre de 2016

Juan Cruz Cigudosa, director científico de NIMGenetics

Fuente: http://www.agenciasinc.es/Entrevistas/La-innovacion-en-cualquier-area-es-importante-pero-en-medicina-salva-vidas


El experto en genética del cáncer Juan Cruz Cigudosa (Navarra, 1964) y sus socios decidieron emprender su aventura en el inicio de la mayor crisis económica mundial. La creación de su empresa NIMGenetics en septiembre de 2008 coincidió con la caída de Lehman Brothers. Su objetivo: llevar los avances en investigación genómica a la práctica clínica, tanto en diagnóstico prenatal y oncología como en medicina personalizada.


Juan Cruz Cigudosa en los laboratorios de NIMGenetics del Parque Científico de la Universidad Autónoma de Madrid.




Juan Cruz Cigudosa, doctor en Biología Molecular especializado en genética humana, se ha propuesto convertir la investigación más puntera sobre genómica en innovación que ayude a salvar vidas. Además de ser director científico y cofundador de la empresa NIMGenetics –con sede en el Parque Científico de Madrid–, está al frente de la unidad de citogenética molecular del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) donde desarrolla tecnologías para diagnosticar el cáncer. Allí está creando modelos celulares de tumores con la herramienta CRISPR de edición del ADN.



¿No es un poco osado crear una empresa científica en pleno inicio de la mayor crisis económica mundial?

A nosotros no nos frenó, sino todo lo contrario, nos sirvió de acicate. NIMGenetics se gestó durante 2008 y la fecha de inicio de operaciones fue en septiembre de ese año que, como curiosidad, coincidió con la caída de Lehman Brothers y marcó el inicio de la crisis. Pero teníamos claro nuestro objetivo: que los pacientes se puedan beneficiar de los avances en genómica con soluciones médicas prácticas.



¿Cómo has volcado tu experiencia como especialista en genética del cáncer a NIMGenetics?

Mi trayectoria ha estado muy enfocada al estudio de los cambios genéticos que ocurren en los procesos tumorales, sobre todo en leucemias. Hice mi tesis en la Universidad de Navarra y luego continué en el Hospital Universitario de Lund (Suecia), en el Cancer Research Manchester Institute y en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center de Nueva York. A mi regreso, me incorporé al cuerpo facultativo del Hospital de Tenerife como genetista, y en 2000, cuando se fundó el CNIO, me llamaron para que montara una unidad de citogenética molecular sobre leucemias y cáncer con nuevas tecnologías, que es algo que siempre me ha atraído.

Empecé a darme cuenta de que los avances de la investigación genómica contra el cáncer podrían aplicarse en otras enfermedades. NIMgenetics se fundó con la intención de responder preguntas clínicas mediante todos esos avances genómicos.



¿Y qué aplicaciones habéis desarrollado? 

Colaboré en el desarrollo de una plataforma para el estudio de todo el genoma de una persona. Podía ver en un solo experimento qué zonas del genoma del tumor estaban perdidas o ganadas, originando así un cáncer. Esto pasa también con otras patologías, por ejemplo, hay enfermedades genéticas que ocurren cuando se pierde una sección del genoma o se gana otra. La más obvia es el síndrome de Down, en el que el paciente gana un cromosoma 21 completo y eso se puede ver al microscopio.

Sin embargo, cuando ganas o pierdes fragmentos más pequeños del genoma, no se ve al microscopio. Entonces se nos ocurrió utilizar una tecnología genómica para ver estos fragmentos. En este tipo de tecnología, denominada de hibridación genómica comparativa (array CGH), se basó nuestro primer proyecto en NIMGenetics. Y consistió en el desarrollo de una plataforma de estudio del genoma completo para el diagnóstico prenatal. 



¿En qué consiste y cuál es la novedad respecto a otros métodos de diagnóstico prenatal?

Para ver si los cromosomas del feto están bien, las mujeres embarazadas pueden someterse a una amniocentesis, en la que se extrae una muestra del líquido amniótico para después hacer el estudio microscópico de sus cromosomas. Nuestra plataforma KarioNIM-prenatal, basada en array CGH, hace una prueba más extensa y exhaustiva del líquido amniótico extraido, que con un solo experimento es capaz de detectar 124 síndromes y enfermedades genéticas graves originadas por trisomías, aneuploidias, microdeleciones –que son pérdidas de pequeños fragmentos del genoma que originan una enfermedad grave– y duplicaciones.



O sea que es un estudio más amplio y detallado del que se solía hacer a partir de una amniocentesis…

Sí. Ahora hemos dado un paso más y hemos lanzado otro análisis llamado trisoNIM. Esta prueba, en vez de recurrir a una amniocentesis –que es un método invasivo– se basa en tecnología que analiza el ADN circulante del feto que está presente en la sangre materna.

Se trata de un test de cribado prenatal no invasivo que permite identificar en la sangre materna las trisomías fetales de los cromosomas 13, 18 y 21, el sexo, las aneuploidías de los cromosomas sexuales más comunes y síndromes genéticos de microdeleción. Combina la tecnología de secuenciación de última generación (NGS, por sus siglas en inglés) con un análisis bioinformático avanzado. Se hace antes que la anmiocentesis, en la semana 10, mediante un simple análisis de sangre. Supone un avance bastante considerable.




¿Y aparte del ámbito prenatal, en qué áreas estáis trabajando?

Dentro de la familia KaryoNIM, hemos desarrollado una versión para el diagnóstico del autismo en una sola prueba: KaryoNIM Autismo. No hay otra parecida en el mercado europeo. Esta plataforma es más densa, más compleja y busca la causa genética que te predispone al autismo. Son 45 regiones de susceptibilidad y un total de 115 genes cuyas alteraciones están directamente asociadas con la aparición de trastornos del espectro autista. Hay un porcentaje de pacientes en los que el origen de este trastorno es genético. Con esto avanzamos mucho en el diagnóstico. 

En terapia celular, hemos desarrollado KaryoNIM Stem Cell. Está pensado para personas que van a someterse a una terapia con células madre. Antes de hacer ese tratamiento, que es con células vivas, analizamos si durante su proceso de expansión han sufrido alguna alteración genética. Es una cuestión de bioseguridad y de estabilidad genómica para el paciente.


Juan Cruz Cigudosa, director científico de NIMGenetics.




¿Qué otros proyectos estáis abordando?

Hemos lanzado una serie de productos de diagnóstico genético basado en el estudio del exoma en una línea denominada ExoNIM. La secuenciación del exoma proporciona una visión detallada sobre las regiones codificantes del genoma humano, donde se calcula que ocurren el 85% de las alteraciones responsables de las enfermedades de origen genético. En una primera fase hacemos un análisis bioinformático en profundidad de los genes que tienen que ver con el problema clínico concreto que ha causado la consulta. Si el problema diagnóstico no se resuelve con ese análisis parcial, lo podemos ampliar hasta estudiar los 19.000 de una persona.




¿A qué enfermedades lo estáis aplicando?

A enfermedades raras, cardiovasculares y epilepsia de origen genético, entre otras. Si tenemos sospecha de que la dolencia es cardiovascular, entonces, aunque estudiemos todos los genes, seleccionamos los que están relacionados con este problema. En epilepsia, al final te centras en los 144 genes que se ha demostrado que tienen efecto en esta enfermedad.



¿Y en oncología?

Tenemos desarrolladas tres plataformas que utilizamos en diferentes situaciones. Una está orientada al diagnóstico de mutaciones en los cánceres más prevalentes como colon, pulmón y melanoma. Otras están dirigidas a situaciones más complejas como ensayos clínicos o diagnóstico amplio de biomarcadores. Son sistemas de diagnóstico genético basados en secuenciación masiva para identificar mutaciones. Su finalidad es proporcionar al oncólogo la máxima información posible para que instaure una terapia adecuada basada en la genética.



¿Quiénes son vuestros clientes?

Los médicos, laboratorios y hospitales públicos. No nos dirigimos nunca al paciente de manera directa.




¿Cuáles son vuestros próximos planes?

Estamos generando el conocimiento para crear una nueva área de genómica personalizada que se canalizará a través de endocrinos, nutricionistas y geriatras. Queremos saber si es posible desarrollar test que tengan en cuenta el diagnóstico clínico y las variaciones genéticas para ayudar a mejorar la vida diaria de las personas. Ahora la gente que se quiere sentir mejor va a una farmacia y pide un complejo vitamínico, pero por su configuración genética quizá no le sirva el 80% de lo que tiene ese compuesto. Posiblemente notaría el mismo efecto bebiendo agua y comiendo una manzana.




Entonces es como un tratamiento genómico a medida…

Nuestros productos van a ir encaminados a informar y permitir que el paciente vea su mejora. Yo te puedo hacer un test y decirte que tienes una serie de marcadores genéticos que hacen que necesites un suplemento de vitamina D con una cantidad ajustada cada semana. Este tipo de acciones monitorizables, en mi opinión, serán el siguiente paso de la genética. Lo que se llama medicina preventiva pero de verdad, no basada en consejos generales.




¿Cuánta gente trabaja en NIMGenetics y cuánto facturáis?

Tenemos un total de 69 personas y hemos abierto sedes en Brasil y México. Entre nuestro personal hay sobre todo doctores y licenciados en biología, bioquímica y medicina. Ahora también estamos apostando fuerte por el ámbito de la bioinformática. Nuestra facturación en 2015 fue de 5,05 millones de euros, la prevista para este año se sitúa en torno a los 7 millones de euros y avanzamos según el plan.




Y además sigues en el CNIO…

Sí, continúo al frente de la unidad de citogenética molecular donde hacemos tecnología aplicada a nuevos diagnósticos del cáncer, sobre todo de leucemia. Ahora estamos aplicando técnicas punteras de edición genómica CRISPR para crear modelos celulares de tumores en laboratorio. La idea es generar en laboratorio lo que les ocurre exactamente a los pacientes. Es un campo muy potente.




¿Cuándo se podrá utilizar este avance en la clínica?

No lo sabemos. Como decía antes, lo que hacemos en NIMGenetics es intentar llenar el hueco que hay entre la investigación y la práctica clínica. En la academia es difícil desarrollar innovación, por eso montamos esta compañía, para dar salida a los desarrollos que estábamos generando en el otro lado. La innovación en cualquier área es importante, pero en medicina además salva vidas y ese es el mensaje básico de nuestra misión.

jueves, 23 de julio de 2015

Células madre directas al corazón

Fuente: http://www.diariomedico.com/2015/07/20/area-cientifica/especialidades/cardiologia/investigacion/joven-investigador-ricardo-sanz


Ricardo Sanz trabaja en el Hospital Gregorio Marañón en proyectos de células madre para pacientes con infarto. Considera que las aportaciones de la bioingeniería van a ser decisivas.










Ricardo Sanz Ruiz (Valladolid, 1976) está inmerso en la aplicación de células madre y su administración en la vía intracoronaria en pacientes con infarto agudo de miocardio. Además, este vallisoletano que trabaja en la actualidad en el Servicio de Cardiología del Hospital Gregorio Marañón, de Madrid, defiende que los jóvenes investigadores en España combaten las dificultades que les plantea el contexto investigador actual con dos ingredientes que pueden con todo: ilusión y esfuerzo.



Sanz tiene un amplio abanico de proyectos y líneas de trabajo en marcha. En el terreno clínico, está trabajando en dos estudios en pacientes con infarto agudo de miocardio: BAMI y Caremi. Ambos utilizan la vía intracoronaria para la administración de células madre. El primero de ellos, BAMI, es un ambicioso proyecto financiado por el 7º Programa Marco de la Unión Europea, en el que participan una docena de países europeos y que en España se coordina desde el Hospital Gregorio Marañón.


Se trata del primer ensayo clínico de fase III con células mononucleares autólogas de médula ósea y su importancia radica en que incluirá a 3.000 pacientes para demostrar la eficacia clínica de este tratamiento, con objetivos clínicos duros como mortalidad de origen cardíaco.



Mientras, el estudio Caremi, que también es internacional y se coordina desde el hospital madrileño, se basa en el uso de células madre cardíacas de origen alogénico. "En este caso se trata de un ensayo clínico de fase I/II, en el que se han incluido ya 25 pacientes sin problemas de seguridad (principalmente de rechazo inmune)", apunta.



En una mirada hacia el futuro de la terapia celular y el corazón, Sanz sostiene que los avances van a producirse en tres ámbitos diferenciados. En primer lugar, en la utilización de nuevos productos celulares, manipulados o no, pero mucho más potentes y versátiles, y con vías de administración más sencillas y accesibles. "De esta manera, y una vez actualizadas las guías clínicas de actuación, la terapia celular -y la génica- será fácilmente aplicable en la mayoría de los centros hospitalarios. Incluso tendremos evidencias del beneficio de combinar más de un tipo celular o de aplicarlas de forma repetitiva", asegura.


El segundo punto es que las aportaciones de la bioingeniería serán decisivas, a partir de fuentes naturales o artificiales. "Creo firmemente que a medio plazo dispondremos de materiales biocompatibles, más o menos complejos (geles, parches, incluso válvulas y vasos sanguíneos), listos para su implantación en corazones humanos, repoblados con componentes celulares, y funcionales desde el punto de vista físico, mecánico y eléctrico", vaticina este cardiólogo del Gregorio Marañón, al tiempo que insiste en que "estos tratamientos supondrán una nueva era de la biomedicina para una enorme población de pacientes".


Finalmente, para Sanz también será clave el desarrollo de ensayos clínicos con grandes poblaciones, para ser capaces de demostrar la utilidad clínica real de los diferentes tratamientos y poder modificar las guías de actuación y la práctica clínica habitual.



Sanz, como tantos otros jóvenes investigadores, debe sobreponerse a un contexto adverso, aunque lo afronta con optimismo. "Es cierto que ser investigador en España requiere mucho tiempo y esfuerzo, y más aún para los clínicos. Para nosotros la asistencia diaria de pacientes supone el grueso de nuestra actividad, pero creo que los investigadores jóvenes solventamos esa dificultad con nuestro esfuerzo e ilusión, que es un recurso intangible y a veces no bien reconocido, pero muy poderoso", argumenta, y añade que "la dificultad principal para la investigación en España radica en la financiación, ya que se trata de un país muy afectado por los recortes en sanidad e investigación, y eso ha tenido una gran repercusión en la financiación de proyectos".


En su opinión, no hay que irse fuera de España para poder investigar en el primer nivel, puesto que aquí se hace investigación cardiovascular de primera calidad, tanto básica como preclínica y clínica. "Nuestro talón de Aquiles es la financiación, responsable de la fuga de cerebros, y quizá la falta de una mentalidad definitivamente traslacional en algunos campos, pero en cuanto a preparación de los profesionales, a la búsqueda de soluciones factibles, a la organización eficaz de redes cooperativas de investigación, a las infraestructuras disponibles y desde luego a la ilusión de los investigadores, no tenemos nada que envidiar a otros países".







Ricardo Sanz se licenció en Medicina y Cirugía por la Facultad de Medicina de la Universidad de Valladolid en el año 2000, y es Máster en Metodología de Investigación Clínica por la Universidad Autónoma de Barcelona. Desde 2006 es cardiólogo intervencionista en el Servicio de Cardiología del Hospital Gregorio Marañón y profesor asociado de la Universidad Complutense de Madrid.


Lleva años trabajando en cardiopatía isquémica y en técnicas de intervencionismo coronario percutáneo y estrategias de reperfusión, así como en la insuficiencia cardíaca de diferentes orígenes, pero su trabajo de investigación se centra mayoritariamente en la terapia celular y génica para patología cardiovascular.


"Desde mis comienzos como residente, y siempre bajo la tutela del profesor Francisco Fernández-Avilés, me he implicado mucho en este campo. Pasé un año en el Texas Heart Institute de Houston bajo la dirección de los doctores Perin y Willerson para especializarme en las terapias regenerativas del corazón, sobre todo en las diferentes metodologías de administración percutánea de productos celulares y génicos al corazón". En los últimos 14 años ha participado en varios estudios preclínicos y ensayos clínicos de terapia celular.

domingo, 19 de octubre de 2014

Paul Devroey: «La maternidad tardía es un problema global y el gran reto de la fertilidad humana»

Fuente: http://www.abc.es/salud/noticias/20141004/abci-paul-devroey-microinyeccion-espermatica-201410031805.html


El descubridor de la técnica de microinyección espermática afirma que «la congelación de óvulos es la mejor forma de garantizar una maternidad tardía».









Paul Devroey, director del Centro de Medicina Reproductiva de Bruselas, pasará a los anales de la historia de la medicina reproductiva como el hombre que casi erradicó la infertilidad masculina con el descubrimiento, en 1991, de la microinyección espermática intracitoplasmática, lo que se conoce como ICSI, un tipo de fecundación in vitro mediante el cual se selecciona un único espermatozoide y se introduce directamente dentro del óvulo en el laboratorio. Su arrojo científico y su vasto conocimiento de la materia le sirvieron hace más de 20 años para llegar a la conclusión de que las técnicas de reproducción asistida podrían mejorarse si se seleccionaba previamente a los espermatozoides y se inyectaban de uno en uno en el óvulo (antes se inyectaban varios).


La clave del elevado éxito de su propuesta es, según afirma, "utilizar el mejor espermatozoide en el momento adecuado". Veinte años después del hallazgo, Devroey se enfrenta ahora al gran reto de la fertilidad humana: la maternidad tardía. La mejor forma de asegurar un embarazo sano para la madre y el bebé es, a su juicio, la congelación de óvulos y la óptima preparación del endometrio. El especialista belga ha participado en el acto de conmemoración del 15 aniversario de la Clínica Eugin de Barcelona, líder en Cataluña en reproducción asistida.



-¿Veremos en breve a mujeres de más de 40 años con una baja reserva ovárica que son madres gracias al poder regenerador de las células madre?

-La maternidad tardía es el gran reto actual de la reproducción asistida y un problema global. El uso del poder regenerador de las células madre para conseguir embarazos más allá de los 40 años es algo que está aún en fase de experimentación. La forma más efectiva de alcanzar ese objetivo es hoy en día la congelación de óvulos. A partir de los 40 años las posibilidades de que una mujer se quede embarazada con sus propios óvulos cae en picado, por eso es importante criopreservar tus óvulos cuando eres más joven para poder ser madre cuando decidas de un bebé que tenga tu carga genética.




-¿Cree que debería haberse explicado mejor esta opción a las jóvenes?

-Absolutamente. Las jóvenes tienden a olvidar que su vida reproductiva tiene un límite, posponen la decisión de ser madre y cuando finalmente se deciden su reserva ovárica se ha agotado. Debe explicarse bien que existe esta opción y que ofrece garantías, y eso no se ha explicado lo suficiente desde la comunidad científica ni desde los medios.




-En una reciente entrevista, la doctora Anna Veiga, madre científica del primer bebé probeta de España, aseguraba que el gran paso en reproducción asistida se dará cuando se logren embarazos transfiriendo un solo embrión, ¿comparte esta opción?

-Sí. En muchos países se tiende a la transferencia múltiple de embriones para conseguir tasas de embarazo más elevadas, aunque lo óptimo es optimizar resultados con un sólo embrión tranferido. En Bélgica, a las mujeres de menos de 35 años sólo se les puede transferir un embrión, las tranferencias múltiples únicamente están autorizadas para mujeres que superan esa edad. Sin embargo, ese cambio de mentalidad es lento y muchos países siguen utilizando más de un embrión de forma generalizada.




-¿Cómo se puede mejorar técnicamente el procedimiento y liberar a las mujeres que se someten a un tratamiento in vitro de riesgos como la hiperestimulación ovárica?

-Yo apuesto por fragmentar más el proceso, es decir, en lugar de estimular a la mujer para extraerle los óvulos, inseminarlos para crear los embriones y después transferirlos, yo defiendo que el proceso se alargue unos dos meses. Hacerlo más pausadamente. Es decir, que se realice la estimulación ovárica, se creen los embriones, éstos se congelen, y se transfieran a la mujer cuando su endometrio esté perfectamente preparado. Es una propuesta que cuando la defiendo sigue sorprendiendo, aunque estoy convencido de su efectividad. La ciencia es simple, la clave está en encontrar el momento adecuado. Eso garantiza la eficacia y también el confort de la mujer, que se estresa ante la posibilidad de un embarazo múltiple.




-¿Recuerda qué sensación tuvo cuando gracias a su idea revolucionaria una pareja pudo cumplir su sueño de ser padres?

-Lo que recuerdo claramente y me marcó fue que la hija de esa pareja, la joven que constató por primera vez la eficacia de mi procedimiento, vino a verme cuando cumplió 16 años porque tenía curiosidad por saber cómo había logrado traerla al mundo. Me enterneció el gesto. Fue un orgullo explicárselo.


martes, 12 de agosto de 2014

ENTREVISTA A ANNA VEIGA EN "EL PAÍS" SEMANAL

Fuente: http://elpais.com/elpais/2014/08/04/eps/1407182133_985431.html


Es la ‘madre científica’ de la primera niña probeta, que nació hace 30 años, en España.
Hoy, Anna Veiga, busca soluciones para el alzheimer, el parkinson o la diabetes.







Hace 30 años que nació en España la primera niña fecundada in vitro. Fue el 12 de julio de 1984, en Barcelona, en el Instituto Dexeus. A la niña, que pesó 2,4 kilos, le pusieron el nombre de Victoria Anna: Victoria, por el hito que supuso; y Anna, en honor a su madre científica, Anna Veiga, una bióloga que daba por aquel entonces sus primeros pasos, rodeada de médicos, en un terreno de absoluta vanguardia. La cara de esta reputada investigadora barcelonesa se sigue iluminando cada vez que recuerda el episodio histórico que marcó su vida.

Anna Veiga tiene la mirada viva. Habla con la seguridad que dan años de rotundos éxitos. Éxitos en campos de la ciencia que tienen gran repercusión: la maternidad y la curación de enfermedades degenerativas. Un póster del museo canadiense de la contracepción, un bodegón con todos los artilugios que a lo largo de la historia han servido para evitar (o intentarlo) el embarazo, adorna la pared de su despacho en el Centro de Medicina Regenerativa de Barcelona (CMRB). Entre estos objetos, un dispositivo intrauterino antediluviano y un limón.

Actual directora del Banco de Líneas Celulares del CMRB, Veiga centra sus esfuerzos en investigar con embriones congelados sobrantes de la reproducción asistida para luchar contra el alzheimer, el parkinson, la diabetes o el cáncer. Bajo la dirección de Ángel Raya, el centro está apostando por proyectos de colaboración con hospitales y pacientes, y tiene en marcha una línea para estudiar en ratas la retinosis pigmentaria, enfermedad degenerativa del ojo. En su despacho, desde el que se ve, haciendo una pequeña contorsión, el mar, aún conserva un erizo de cristal de Swarovski que le regalaron los padres de Victoria Anna hace 30 años.

Un tintineo de pulseras acompaña las palabras de Veiga cada vez que mueve las manos para expresarse.



La investigación con células madre ha abierto grandes esperanzas para enfermos de alzhéimer, párkinson, cáncer y diabetes, que están pendientes de las investigaciones que aquí se llevan a cabo. ¿Cómo lleva usted semejante responsabilidad?

Es evidente que el campo de las células madre ha abierto un nuevo escenario para muchas personas con enfermedades crónicas y degenerativas que encuentran pocas o ninguna solución en estos momentos. Es una responsabilidad y hay que decirles la verdad de lo que estamos haciendo, transmitir lo importante que es que sigamos investigando. Pero sin falsas promesas. Las células madre son una herramienta fantástica, nos están permitiendo entender un montón de cosas, simular enfermedades en el laboratorio, probar qué fármacos pueden funcionar. Pero hay que ir con mucho cuidado a la hora de decir que pasado mañana estaremos curando el parkinson o el alzheimer.



Probablemente decir pasado mañana es delicado, pero, si damos un salto en el tiempo, ¿adónde puede llegar el ser humano gracias a estas investigaciones?

Las herramientas que tenemos hacen que podamos avanzar mucho más rápido que hace unos años. La biología molecular y los avances en genómica han abierto nuevas posibilidades, han acelerado la velocidad de crucero.



Usted es directora de Investigación, Desarrollo e Innovación del área de biología científica del Instituto Dexeus. ¿Cómo calificaría el estado en que se encuentra la investigación en España?

Yo puedo hablar de la investigación biomédica. En 2004-2005 se hizo una apuesta importante para dotar de fondos a la investigación en células madre. Se puso en marcha el CMRB, junto al Centro de Investigación Príncipe Felipe, en Valencia; y la estructura alrededor del Cabimer, en Andalucía. Se empezó a publicar, nos situamos en una posición en paralelo a otros grupos en Europa y Estados Unidos, en posiciones muy respetables dentro de la comunidad científica. Pero ahora todos nos resentimos con la crisis. El dinero público baja.



¿Diría que hay falta de sensibilidad?

Alemania y Francia no han reducido el dinero destinado a la investigación. Un país que se queda sin investigación es un país que se retrasa. Luego cuesta muchísimo recuperar el terreno. Y se ha producido un frenazo.



Que es responsabilidad de los gobernantes…

Absolutamente. Los políticos son los que deciden a qué destinan los fondos, por dónde cortan. Un país que no tiene investigación es un país que no avanza.



Retrocedamos un poco en el tiempo. Si escucha el nombre de Victoria Anna, ¿qué es lo primero que le viene a la mente?

El momento en que nace, la cesárea en ese quirófano en el que estábamos aquel 12 de julio. Fue un momento espectacular, desde todos los puntos de vista. Era la demostración clara de que habíamos conseguido replicar algo que ya se había hecho en otros sitios; la primera niña probeta nació en 1978 en Reino Unido. Victoria Anna fue la primera aquí y en Dexeus han nacido desde entonces unos 12.000 niños. En el mundo hay entre cinco y seis millones.



¿Tiene un recuerdo preciso de ese día histórico?

Fue un día eléctrico, por decirlo de alguna manera, todo muy emocionante. Yo solo tenía 27 años y estaba viviendo un momento que era la bomba. Sabíamos que estábamos abriendo la puerta a que la reproducción asistida se consolidara, que estábamos poniendo las bases de todo esto… Cuando vas a un congreso, de repente piensas: “Y toda esta gente está trabajando en eso porque nosotros nos pusimos a ello”; no es algo de lo que vas presumiendo, pero en el fondo piensas: nosotros pusimos las bases. Y te sientes orgulloso de haber creado escuela.



¿Mantiene relación con Victoria Anna?

Absolutamente. Ahora nos vemos menos porque está viviendo en Madrid. Pero tenemos una relación muy próxima. El otro día me mandó fotos del concierto en el que estuvo en Bilbao. Nos vemos un par de veces al año, fijo.



Los campos a los que se dedica ahora obtienen contestación en algunos sectores, ¿recuerda el rechazo en aquellos primeros días de la reproducción asistida?

Sí, pero no tanto como ahora. Los que protestaban eran cuatro. Que de hecho son los mismos que ahora rechazan otras cosas o que apoyan iniciativas extrañas que, esperemos, no acaben fructificando.



¿A quién se refiere?

A los grupos más radicales que apoyan leyes del aborto que van a cambiar el escenario y que son un auténtico desastre; los que no están a favor de la investigación con células madre embrionarias porque en su momento la célula venía de un embrión que se destruyó para crearla, esos grupos. Yo siempre me pregunto: cuando las células madre embrionarias den resultados a nivel clínico y puedan curar enfermedades como el parkinson o el alzheimer, ¿esa gente se va a oponer a cuidar a sus familiares? En aquellos días hubo oposición de esos grupúsculos que decían que estábamos asesinando embriones, lo que pone de manifiesto que no entendían nada de lo que estábamos haciendo. No es que vayamos en contra de la vida, es que vamos a favor: la reproducción asistida intenta que una pareja que no puede tener niños, los tenga.



En este campo, se han sucedido los avances. La congelación de óvulos está permitiendo que muchas mujeres puedan aplazar la maternidad.

Congelar óvulos se planteó como una opción para mujeres jóvenes a las que se iba a someter a tratamientos oncológicos que las iban a dejar estériles. Hay muchas mujeres que llegan a los 30 años y no han encontrado a la persona adecuada con la que tener hijos, o quieren explorar sus posibilidades profesionales. A medida que se van acercando a la menopausia, las posibilidades de quedarse embarazadas son cada vez más bajas. Eso hace que las mujeres tengan que acudir a un banco de óvulos o a una donante de óvulos. La idea es congelar tus propios óvulos para poder tener hijos a los 40.



La reproducción asistida está dando una respuesta que, tal vez, también podría tener un apoyo legislativo que permita, de verdad, la conciliación.

No es un problema legislativo, es un problema social: las mujeres siguen teniendo una dedicación a sus hijos y a sus mayores superior a la que tienen los hombres.



¿Usted consiguió conciliar cuando fue madre?

Con ayuda de mis padres; si no, no hubiera podido.



O sea que ha vivido en primera persona ese sentimiento de culpabilidad que invade a muchas madres profesionales.

Absolutamente. Es algo que dura un montón de años; cuando son muy pequeños, porque son muy pequeños. Y cuando son más mayores, porque son más mayores. En realidad, casi te necesitan más cuando son adolescentes: las bajas maternales habría que darlas cuando ellos tienen 14 años [risas]. Pero, bueno, la sensación de culpabilidad te acompaña muchos años.



¿Qué les diría a madres más jóvenes que estén pasando por ese trance?

Que intenten quitarse ese complejo de encima, que eso es malísimo; te tortura y te hace malvivir; que se intenten apoyar en su pareja. Son años muy duros. Y ya, si te permites arañar un poco de tiempo para ti, para irte de copas, o a cenar o al gimnasio, ya piensas que eres lo peor. Y eso es injusto.



¿Es esto fruto de una sociedad machista?

Sí, absolutamente.



Nos queda mucho por avanzar…

Hemos avanzado, pero todavía nos falta. Ahora se ve a chavales jóvenes con carritos por la calle, en mi época se veían muy pocos; se ven hombres con bolsas; el hombre con bolsas es ¡una nueva especie! [se ríe]. ¡Antes los hombres nunca llevaban bolsas! Las mujeres íbamos siempre cargadas; los hombres, no. Ahora sí hay.



Hablando de hombres con bolsas y avances, el campo en el que usted trabaja está muy sometido a decisiones de tipo ético o moral, ¿considera que se están produciendo avances en las mentalidades?

Vamos prosperando. La bioética, los comités de bioética (yo formo parte del de Catalunya) nos han puesto en contacto con colegas de los que he aprendido un montón porque tienen una mirada sobre todos estos temas distinta de la de los científicos. Nos enseñan a valorar las consecuencias que puede tener todo lo que nosotros estamos haciendo.



En 2005, a los 49 años, da usted un giro a su vida profesional y deja la dirección del departamento de reproducción asistida del Instituto Dexeus para lanzarse al estudio de las células madre. 

Sí, pero es un giro suave; un giro natural que otros colegas que han trabajado en reproducción asistida han hecho. ¿Por qué? Porque los que estábamos en laboratorios de reproducción asistida sabíamos cultivar embriones. Para hacer células madre embrionarias hay que partir de un embrión. Se me planteó la posibilidad y no lo dudé. Era un reto, una nueva aventura. Poder hacerlo un poco antes de los 50 fue un privilegio: normalmente, a esa edad, uno va aposentándose.



Pero a usted le va la marcha.

Sí, me va la marcha, directamente. Tampoco me ha ido mal. Al menos me lo paso bien con lo que hago.



¿Es una pasión?

Sí. Y mi actividad profesional ocupa un sitio enorme en mi vida.



En mayo de 2013 se anunció la primera clonación de células madre embrionarias de personas, por parte del equipo de Shoukhrat Mitalipov, utilizando la técnica usada con la oveja Dolly. Los autores dijeron que no se trataba de obtener personas clonadas, sino de llegar hasta la fase [fase de blastocisto del embrión, alrededor de los cinco o seis días de desarrollo] que permite extraer las células madre. Usted dio una buena acogida a este trabajo.

Costó mucho que saliera adelante. Desde el año 1997, que nace la oveja Dolly, el primer mamífero clonado… De hecho, tuve ocasión de estar con ella…



¿Con Dolly?

Sí; disecada, pero con Dolly.



¿Y cómo es Dolly? Cuéntenos…

Pues es una oveja espantosa como las demás; pero, como es Dolly, te hace más ilusión. La vi en el museo de Edimburgo donde la tienen disecada, cuando hicimos miembro honorario en la ESHRE [Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología] a Ian Wilmut.



El trabajo de Mitalipov abre la puerta a la creación de bancos similares a los de cordón umbilical…

Hacer células madre embrionarias a partir de clonación permite hacerlas de personas determinadas. Si queremos tratar a una persona y lo hacemos con sus propias células, no va a haber rechazo. Si lo hacemos con células de otros, que son las que tenemos hasta el momento, sí va a haber rechazo; y además, esta manera de funcionar, desde el punto de vista operativo y económico, es inviable. Sin embargo, con las células madre embrionarias procedentes de clonación podremos hacer determinados tipos celulares que se adapten a determinados grupos de población; algo parecido a lo que se hace con los bancos de cordón umbilical.



Con la clonación sí que hay reparos…

Hay reparos, sí. Desde 1997 a 2013, son un montón de años en los que se intentan clonar embriones humanos pero no se consigue. Mitalipov hace una serie de cambios metodológicos que le permiten llegar a esas líneas de células madre obtenidas a través de un embrión clonado. Detrás de él ya han aparecido dos publicaciones más que confirman los resultados. Últimamente estamos todos bastante escamados. No sé si es porque los mecanismos de control permiten detectar mejor el fraude, o si es que siempre lo ha habido, o si ahora hay más; pero estamos todos alerta desde aquel sonado fraude del científico coreano [en referencia a Hwang Woo-Suk, quien en 2004 engañó al mundo diciendo que había clonado embriones humanos]. Ahora ha habido otro en Japón. Es algo que hace mucho daño. Hay ocasiones en que al investigador, para conseguir más financiación se le va la cabeza.



¿Es la clonación un tabú?

Es una técnica que puede servir para hacer dos cosas totalmente distintas. Para hacer células madre embrionarias, el caso de Mitalipov; o con finalidades reproductivas, que es el caso de la oveja Dolly. La clonación se ha utilizado para conservar especies en peligro de extinción, por ejemplo. En la especie humana se podría utilizar la misma técnica. Y de hecho ya han aparecido iluminados como la secta de los raelianos, que anunciaron el nacimiento de una niña clonada. Pero la niña no apareció jamás, ni se la espera.



Pero eso es posible.

Técnicamente si se consigue un embrión clonado y con él se hacen células madre, ese embrión se mete en el útero de una mujer y debería implantarse. Pero lo que es muy probable es que haya problemas de todo tipo, porque no es la manera normal de hacer un embrión. En muchos animales clonados se han visto problemas a nivel de placenta, problemas de tamaño, de malformaciones… Además, ¿clonar un ser humano, para qué?



En este mundo loco en que vivimos un iluminado podría pensar que puede perpetuarse de algún modo pagando a un profesional…

No somos solo los genes que tenemos. El entorno modula nuestro desarrollo de forma espectacular. Un 50% son los genes que tenemos y el otro 50% es el ambiente que nos rodea, cómo nos educan, cómo comemos, las enfermedades que tenemos, las piedras que nos caen en la cabeza… Todo eso tiene un efecto. Aunque quisieras clonar a alguien, no consigues la misma persona. Una persona es solo aquella persona.



Y en el terreno de los vientres de alquiler, ¿dónde coloca usted el límite?

No hay que hacer nada que, a sabiendas, esté comprometiendo el bienestar del niño que tiene que nacer.



¿Pero usted está a favor del uso de vientres de alquiler?

Preguntado así, es muy difícil de responder, no puedo contestar en global. En algunos casos podría estar justificado el uso de un vientre de alquiler. Por ejemplo, en los casos en los que no hubiera una transacción económica de por medio. O cuando estuviera muy clara la relación entre la subrogante y la pareja que utiliza ese vientre de alquiler. El problema es que nueve meses es mucho tiempo. No solo se establecen vínculos entre la madre y el feto; pueden pasar muchas cosas. No es como una donación de ovocitos, hay que ir con mucho cuidado.



¿Y en el campo de la clonación?

No está justificada en ningún caso. Y es peligrosa. Es una técnica en la que el nacimiento de ese ser puede estar gravemente comprometido. Y, aparte, ¿para qué? No digo que no ha habido alguna demanda por parte de una pareja que había perdido un hijo y que entiendes perfectamente lo que te están diciendo; igual yo también lo pediría. Pero lo que tienes que intentar es que esa pareja lleve bien su duelo y hacerles entender que ese niño que han perdido no lo van a recuperar jamás. Aunque les hiciéramos una clonación; ese niño no es repetible.



Usted ha dedicado toda su carrera a dar vida y a alargarla. ¿Qué orgullo, no?

Sí, sobre todo la he dedicado a mejorar la calidad de la vida. En reproducción, sí, a darla. Al final, todos los trabajos los normalizas y no te paras a pensar lo que suponen. En este, te das cuenta de que a algunas parejas les has cambiado la existencia; y te hace ilusión hacer algo que a alguien le ha aportado felicidad. Da un gustazo tre­mendo. La reproducción asistida es una disciplina muy agradecida: cuando sale bien es estupendo.



Oiga, y a usted, ¿qué le ha enseñado la vida?

Cuando algo te gusta tienes que ponerle muchas ganas, los resultados valen la pena. Ahora que se habla tanto de los jóvenes y su sentido del esfuerzo. Sí, en mi generación nos esforzábamos un poquito más, pero la situación era diferente. Si los chavales no se esfuerzan ahora tanto, probablemente sea nuestra culpa, porque se lo damos todo demasiado masticado.





Perfil de Anna Veiga

(Barcelona, 1956). El 12 de julio de 1984 nacía Victoria Anna Perea Sánchez. La ‘madre científica’ de esta niña, que fue el primer bebé probeta español, fue esta bióloga que ha ocupado puestos punteros en reproducción asistida e investigación con células madre. Desde 2005, dirige el Banco de Líneas Celulares del Centro de Medicina Regenerativa de Barcelona. Veiga se dedica ahora a investigar con embriones congelados para avanzar en terapias para el alzhéimer, la diabetes o el párkinson. Sigue siendo asesora científica en el Instituto Dexeus y presidió la Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología.

sábado, 19 de julio de 2014

ANTONIO BERNAD: Nueva terapia con células madre contra la cardiopatía isquémica



Entrevista a Antonio Bernad, coordinador del proyecto CARE-MI.



En el marco de un proyecto financiado con fondos europeos, se está estudiando el uso de células madre cardiacas (CMC) para combatir la lacra que supone en Europa la insuficiencia cardíaca crónica. Hasta ahora la investigación se ha centrado en las células de los propios pacientes; en cambio, el trabajo del equipo de CARE-MI abarca células procedentes de varios donantes. Está previsto iniciar este mismo verano los ensayos clínicos en España y Bélgica. 



Las cardiopatías isquémicas (CPI) supusieron el 12% del total de defunciones registradas en los países de la OCDE en 2011. Esta enfermedad, caracterizada por una reducción del riego sanguíneo al corazón, deteriora gradualmente los tejidos de este órgano. 



Pese a que la implantación de la angioplastia y de las cánulas o endoprótesis ha servido para que disminuyan las tasas de mortalidad, no se dispone de técnicas para la reparación de los tejidos dañados, de tal modo que a la recuperación inicial del paciente le sigue una remodelación cardiaca y, a continuación, una insuficiencia cardíaca crónica (ICC). La ICC solo se cura mediante un trasplante de corazón, pero son pocos los pacientes que tienen la fortuna de hallar a tiempo a un donante compatible. 



Las CMC, células pluripotentes descubiertas recientemente en el miocardio (o músculo del corazón) adulto, podrían constituir una alternativa a dicho trasplante. Estas células podrían, quizás, curar los tejidos produciendo nuevos cardiomiocitos (células musculares del corazón) o bien activando vías moleculares de reparación cardiaca en virtud de factores de crecimiento. Esta posibilidad no se ensayó hasta hace poco, aplicando una terapia con células autólogas destinada a reparar tejidos dañados, consistente en tomar células del paciente afectado y aplicarlas para reparar su miocardio. Los resultados de esta opción autóloga fueron halagüeños, pero la técnica se ha considerado demasiado lenta, costosa y, sobre todo, relativamente ineficaz. 



Los investigadores participantes en la iniciativa CARE-MI, Cardio Repair European Multidisciplinary Initiative, han abordado este tema, gracias a fondos obtenidos del 7PM (VII Programa Marco), pero optando por células alogénicas. Es decir, en lugar de tomar células del propio paciente, su método se fundamenta en células de donantes. El Dr. Antonio Bernad, coordinador de este proyecto, opina que esta técnica podría dar lugar a terapias listas para su administración, de coste asequible y sencillas para el usuario consistentes en una activación, multiplicación y diferenciación in situ de CMC endógenas. 




Pregunta. ¿Cuáles son los objetivos principales del proyecto? 

Respuesta. Nuestro propósito es, primordialmente, desarrollar tratamientos para la CPI que tengan una amplia disponibilidad y también buena aplicabilidad clínica. En CARE-MI sacamos partido a la biología de las CMC residentes endógenas y a los mecanismos moleculares responsables de su activación y diferenciación in situ. Las terapias propuestas podrían repercutir directamente en la población de CMC residentes endógenas y, en consecuencia, motivar su activación, expansión y diferenciación a cardiomiocitos (células vasculares endoteliales y de músculo liso), para así regenerar el tejido contráctil y la microvasculatura que se haya perdido a causa de un episodio isquémico. Estas terapias ya se han validado en pruebas preclínicas iniciales con animales que poseían una anatomía cardiaca, una fisiología y una patología comparables a las humanas. Ahora bien, para establecer una terapia de regeneración del miocardio que sea efectiva y aplicable en la clínica, deberemos comparar los beneficios relativos de las dos vías propuestas y comprobar si al combinarlas se puede obtener algún beneficio adicional. 




P. ¿Qué tiene de nuevo o innovador el proyecto? 

R. En CARE-MI se usan CMC alogénicas o un número reducido de factores regenerativos (que se sabe que son segregados por las CMC endógenas) para activar o promover in situ el programa de reparación endógena. Estas CMC alogénicas, que sobreviven de forma efímera en el receptor, desencadenan un potente proceso de regeneración endógena al activar las CMC endógenas. Este último aspecto podría limitar la degeneración progresiva y restaurar, al menos parcialmente, la anatomía y la función del miocardio dañado. Los dos tratamientos que se proponen, o la combinación de los mismos, ofrecerían (de forma pionera) terapias regenerativas que estarían listas y serían aplicables a voluntad, en cualquier momento, allí donde se disponga de los medios técnicos y de los especialistas necesarios para tratar infartos de miocardio agudos y practicar una angioplastia coronaria transluminal percutánea (ACTP), o sea, en la mayoría de grandes centros médicos. 




Dada su condición genérica, estas terapias estarán al alcance de todos los pacientes que reúnan los requisitos necesarios. Otra característica atractiva de la técnica propuesta estriba en que, pese a su naturaleza genérica y comercial, producirá un miocardio autólogo regenerado. Creemos que la transición de la terapia celular autóloga (como ya se ha ensayado clínicamente con profusión) al uso de células alogénicas por su efecto paracrino, antes de pasar a una terapia sin células basada en el subconjunto de los factores paracrinos, no solo supone una progresión conceptual lógica, sino que además representa la vía más segura para lograr avances en este campo. 




P. ¿Cuáles fueron las principales dificultades encontradas y cómo se resolvieron? 

R. El equipo de CARE-MI dedicó un gran esfuerzo a desarrollar una base sólida que permitiera demostrar la viabilidad de usar CMC alogénicas para tratar la cardiopatía isquémica. Una de las grandes dificultades que tuvo que afrontar el consorcio guardó relación con los aspectos logísticos del ensayo clínico. Por ejemplo, los relativos a la producción de células a gran escala se tornaron en un quebradero de cabeza, ya que se trataba de obtener un producto medicinal. La mayor parte de nuestro esfuerzo tuvo que centrarse en los férreos controles y en la obtención de resultados firmes en lo relativo a la identidad celular (un aspecto muy importante) bajo la dirección de CORETHERAPIX Ltd., entidad asociada y promotora del ensayo clínico. Por otra parte, las condiciones asociadas al método alogénico (principalmente las propiedades de inmunorregulación de las CMC y la inmunorrespuesta putativa de las CMC) han motivado un intenso debate, sobre todo para decidir los métodos más contundentes y fiables para evaluar esas propiedades. Pese a todo, la mayoría de estos obstáculos pudieron sortearse gracias a la colaboración de los grandes especialistas implicados en el consorcio de CARE-MI y también de asesores científicos externos. 




P. ¿Se siente satisfecho con los frutos cosechados hasta ahora en el proyecto? 

R. En este cuarto año, el proyecto ha arrojado resultados muy relevantes. Se ha concluido la GMP [buena práctica de producción] del producto medicinal para terapia celular que se utilizará en los ensayos clínicos. Se ha terminado y remitido la solicitud de ensayo clínico a AEMPS y FAGG (los organismos reguladores de España y Bélgica, respectivamente). El organismo español aprobó dicha solicitud el 16 de abril de 2014, de modo que CARE-MI alcanzó uno de los grandes hitos marcados. Ahora esperamos el dictamen final de la agencia reguladora belga. En breve está previsto el inicio de un ensayo clínico. Nos hallamos en la etapa de selección de individuos y esperamos iniciar el tratamiento de los primeros pacientes este mismo verano. Para nosotros esta es una oportunidad apasionante y esperamos obtener más resultados relevantes a lo largo del año. 




P. ¿Qué etapas restan del proyecto? ¿Y al término del mismo? 

R. Las etapas siguientes se dedicarán a agilizar la otra vía del proyecto, esto es, probar si la terapia con factores de crecimiento es una alternativa factible para tratar la cardiopatía isquémica. El objetivo último es obtener datos suficientes para elaborar el expediente preclínico tomando en consideración nuestra experiencia anterior con los organismos reguladores. Como es natural, también desarrollaremos el ensayo clínico y trataremos de obtener resultados relevantes en cuanto a las respuestas inmunológicas de los pacientes al tratamiento, así como datos sobre la seguridad y la efectividad de la terapia propuesta. Asimismo, hemos presentado una propuesta a Horizonte 2020 sobre la evaluación clínica de CMC (CARE-MI) centrándonos en la afección crónica. Si obtenemos financiación, estaríamos listos para emprender un ensayo clínico en el plazo de dos años. 




P. ¿Cuándo prevé que los pacientes empiecen a beneficiarse de su investigación? 

R. Cuando se trata de tratamientos innovadores, hay que tener cautela para no crear falsas expectativas. Nos hallamos en las fases I y II de un ensayo clínico, lo que implica la necesidad de realizar más ensayos antes de que el producto se pueda comercializar. No obstante, los resultados de la fase preclínica nos inspiran confianza y esperamos obtener resultados positivos con los pacientes. Es difícil precisar una fecha exacta en la que este tratamiento estará ya a disposición del público en general, pero internamente calculamos un plazo de cinco años. Ello está supeditado rigurosamente a que sea óptimo el plan de desarrollo de nuestro socio, CORETHERAPIX, para la fase III.