jueves, 7 de mayo de 2015

La lanzadera de células madre

Fuente: http://www.elmundo.es/salud/2015/05/05/5544ffdf22601d89598b457f.html


Magdalena Blanco, junto a Johan Hyllner.




El duodécimo piso del ala de la torre del Guys Hospital (una de la instituciones médicas de más prestigio de Londres) es una planta atípica. No hay camas, quirófanos, consultas, UCI, ecógrafos, TAC o resonancias magnéticas. Sus 1.200 metros cuadrados -parte de los cuales se asemejan a las modernas redacciones de los medios de comunicación- albergan a 100 científicos y un laboratorio de última generación. Es la sede de Cell Therapy Catapult (CTC), un proyecto amparado y financiado, de momento, por el Gobierno británico para impulsar el futuro de la terapia celular y genética.


Magdalena Blanco, cordobesa, doctora en Biología, que en España ha trabajado en Pharmamar y en el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), es una de las product managers del grupo. Ella y el doctor Johan Hyllner -especialista sueco de madre española-, director científico de Cell Therapy Catapult, explican cómo, desde CTC, tratan de diseñar la autopista por la que tienen que transcurrir las terapias celulares y genéticas, desde su origen en los laboratorios básicos de instituciones académicas, hasta su posible comercialización como tratamiento eficaz y eficiente para patologías de solución ahora difícil.


«Nos apoyamos en la excelente ciencia que hay en muchas universidades británicas, y tratamos de desarrollar productos surgidos, en principio, en el Reino Unido, aunque también estamos abiertos a otros países sobre todo de Europa», explica el doctor Hyllner. «En el camino que va desde el principio de una idea de terapia celular, que suele surgir en el ambiente académico, hasta que ésta consiga llegar a los pacientes, hay muchas estaciones por las que hay que pasar indefectiblemente. Nosotros ayudamos a solventar el tránsito por buena parte de ellas porque todas deben tenerse en cuenta».


Hyllner detalla un proceso que consta de nueve apartados. Según él, la ciencia básica tiene que ocuparse de los tres primeros, la compañía interesada en comercializar el producto debe empeñarse en el último tercio y, en el medio -del cuatro al siete-, la responsabilidad recae en CTC.


«Son barreras que hay que superar. Es muy importante tener un estudio económico sobre viabilidad, puesto que serán tratamientos que financiarán las sanidades públicas, al menos, en Europa. Pero hay que estudiar también los procesos de producción, de transporte, la maquinaria que será necesaria, la burocracia que habrá que solventar de acuerdo con las normas europeas, americanas y japonesas... El abanico es amplio», insiste Hyllner.


Aunque de terapia celular y genética se lleva hablando mucho tiempo, y aún no hay tratamientos estándar de este tipo para enfermedades degenerativas en ninguna parte del mundo, en CTC están convencidos de que, en el día de mañana, los implantes de células mejorarán el pronóstico de muchas enfermedades que tienen ahora mala solución.


«Hay áreas en las que somos bastante optimistas», asegura el científico. «La neurológica es una de ellas. Lo que no me atrevo a decir es cuándo estos tratamientos serán comunes en la práctica clínica. Quizá hagan falta aún 10 o 15 años. Pero creo que sucederá. En cambio, tengo dudas sobre la posibilidad de regeneración cardiaca con terapia celular, porque regenerar un órgano en constante movimiento, como es el corazón, va a ser muy complicado».


La inmunoterapia contra el cáncer es otro de los campos en los que en CTC están muy interesados. El concepto de que sea el propio sistema inmune el que controle el crecimiento de los tumores malignos tiene fascinados a todos los oncólogos. En CTC prevén que, además de medicamentos que permitan actuar mejor a la inmunidad de cada enfermo frente a su enfermedad, pueden utilizarse células inmunes del paciente activadas fuera del organismo y reinyectadas para que frenen la patología. «Es un área muy atractiva y con un potencial enorme», añade Hyllner.


Magdelana Blanco tiene responsabilidad directa sobre varios de los 30 proyectos que están siendo ahora evaluados por los product managers que trabajan en Catapult. «No todos se relacionan exclusivamente con células, nosotros tenemos que tener en cuenta también los dispositivos médicos y las tecnologías que son indispensables para llevar a cabo este tipo de terapias», asegura la doctora Blanco. «Hay mucha logística con ellas: el almacenaje, el transporte, su aislamiento, la diferenciación, los biorreactores... son bastantes cosas que hay que cuidar con detalle cuando hablamos de terapia celular».


El Reino Unido es uno de los países más liberales del mundo cuando se habla de posibles fuentes de células madre. Allí no ha existido tanta controversia como ha ocurrido en otras partes sobre la ética de utilizar células embrionarias para conseguir productos pluripotenciales. No obstante, ese debate está prácticamente acabado en casi todo el mundo, ya que el futuro de la terapia celular es improbable que dependa únicamente de embriones. «Nosotros estamos abiertos a todas las fuentes», asegura Hyllner, «pero si me preguntan sobre mis preferencias, yo me inclinaría por la reprogramación y diferenciación de células propias, como los fibroblastos. Es algo más simple y probablemente evitas algunos de los riesgos que pueden tener otro tipo de fuentes».


Los proyectos científicos llegan a Catapult buscando, sobre todo, estudio y consejo sobre qué es lo que se debe hacer en los estadios preclínicos y cuál puede ser la mejor hoja de ruta por la que transitar hasta conseguir que sea una terapia válida.


La relación entre los centros científicos y CTC comienza en ocasiones desde Londres. «Muchas veces somos nosotros los que visitamos los centros y vamos a universidades de aquí y de fuera», afirma la doctora Blanco. «En España, hemos ido a Santiago de Compostela y Barcelona. Contactamos con empresas de biotecnología y vemos si es posible iniciar proyectos en común», cuenta.


Con 100 millones de euros de presupuesto a gastar en cinco años, un enfoque muy pragmático de colaboración financiera con los proyectos que se están evaluando, el firme propósito del Gobierno británico de potenciar la innovación en el área biomédica, y el compromiso de todos los que trabajan en el centro, la CTC pretende convertirse en el centro líder en el mundo en su campo.





Además de empujar terapias celulares en el Reino Unido, ya hay otras ocho catapultas más para hacer avanzar la innovación. La estrategia es la misma: impulsar con el apoyo del Gobierno las áreas de futuro que tienen más relevancia para la sociedad y que puedan, también, ser económicamente sostenibles. Hay catapultas para todo lo que sea digital, sistemas de energía, transporte, ciudades del futuro, aplicaciones de satélites y energías renovables en el mar. Tienen previstas muchas más. De aquí al 2030 puede que existan 30 por lo menos. La novena catapulta acaba de llegar hace tan solo un mes. Se trata de la Precision Medicine Catapult. En Gran Bretaña no quieren ir a la cola de lo que ya ha anunciado en EEUU el presidente Obama. Intentan también ser líderes. La catapulta de Medicina de Precisión profundizará en genómica, biobancos, modernos secuenciadores genéticos, y creará bases de datos analíticas que ayuden a tomar decisiones diagnósticas y terapéuticas. Modificará la metodología de los ensayos clínicos y tratará de mejorar el pronóstico del cáncer, las enfermedades inflamatorias y las infecciosas.


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