sábado, 1 de junio de 2013

Células madre y cáncer

Artículo publicado por Enrique Coperías en el enlace:
http://www.libertaddigital.com/opinion/fin-de-semana/celulas-madre-y-cancer-1276231596.html

Uno de los mayores retos de la medicina contra el cáncer está en distinguir las células sanas de las cancerosas, para así dirigir las terapias contra las enfermas sin lesionar las normales. Un equipo de científicos acaba de descubrir una vía para hacer esto en la leucemia, un tipo de cáncer de sangre.


Las investigaciones que se están llevando a cabo con células madre, o stem cells, están abriendo nuevas estrategias para combatir los tumores malignos. En líneas generales, las stem cells son un tipo de células que tienen la virtud natural de poder convertirse en cualquiera de las 220 variedades celulares que integran nuestro organismo. Desde hace unas décadas los científicos saben que estas células abundan en la médula ósea, es decir, el tejido ubicado en el interior de los huesos que se encarga de fabricar las células de la sangre. De hecho, los oncólogos aíslan de forma rutinaria stem cells hemopoyéticas para el tratamiento de los cánceres sanguíneos, como los linfomas y las leucemias. En España, por ejemplo, más de 600 personas reciben un trasplante de estas células medulares cada año para intentar curar su leucemia.

Pero el éxito no está asegurado. La leucemia sigue matando a niños y adultos sometidos a éste y otros tratamientos oncológicos. Un rayo de esperanza se asoma ahora en el horizonte, a raíz de un importante hallazgo realizado por médicos del Howard Hughes Medical Institute, en EEUU. El doctor Sean J. Morrison y sus colegas de laboratorio han descubierto una manera de distinguir las células madre sanguíneas que dan lugar a células sanas de las stem cells que convierten la leucemia en letal.

"Nuestro estudio demuestra que es posible identificar diferencias en el funcionamiento de las células madre normales y las stem cells cancerosas, y estas disimilitudes pueden explotarse terapéuticamente", dice el doctor Morrison. No peca de optimista, ya que su equipo ha descubierto en ratones de laboratorio que las stem cells que desatan la leucemia pueden ser aniquiladas con rampamicina, un potente fármaco inmunosupresor que también es capaz de abortar la proliferación celular. Los resultados de este experimento acaban de aparecer en la revista Nature.

Sin duda alguna, la células madre se han convertido en unos pocos años en las estrellas de los laboratorios, así como en el punto de mira de los medios de comunicación, sobre todo por la agria polémica que enfrenta a científicos, moralistas, políticos y otros sectores sociales. El centro de la controversia orbita en torno al método de obtención, ya que las stem cells embrionarias se hallan en los embriones muy jóvenes.

     

Recordemos que la capacidad de estas células surge en el mismo zigoto. Los biólogos aseguran que el huevo recién fecundado es totipotencial, ya que puede originar cualquier estirpe celular, desde un hepatocito –células del hígado– hasta una neurona. Horas después de la fecundación, el zigoto se divide en un pequeño cúmulo de células totipotenciales e idénticas. Cuatro o cinco días más tarde, este amasijo celular se transforma en una esfera que recibe el nombre de blastocisto. En este balón microscópico pueden distinguirse dos capas celulares: una externa, que origina en el útero la placenta y otros tejidos imprescindibles para el desarrollo fetal, y una interna, que virtualmente se transforma en cada uno de los tipos celulares que da vida al organismo. De estas células internas se dice que son pluripotenciales, pues han perdido cierta parte de su magia inicial. En efecto, si se implanta una de estas células en el útero materno nunca se transformará en un embrión. De entrada, es incapaz de fabricar el imprescindible tejido placentario.

Durante el desarrollo embrionario estas stem cells pluripotenciales se especializan en distintas familias de células madre, que pasan a ser catalogadas como multipotenciales, ya que se encomiendan a producir determinados linajes celulares. Para un sector de la comunidad científica, estas stem cells de adulto son suficientes para cubrir los propósitos de la ciencia médica, mientras que para otro quedan seriamente mutilados si no se tienen en cuenta las células madre procedentes de embriones.

Dejando de lado los planteamientos éticos y morales, equipos científicos de todo el mundo investigan codo a codo el perfil biológico de las células madre y esperan aprender a manipularlas para el tratamiento de enfermedades hoy incurables, incluido el cáncer, y para utilizarlas en la sustitución de órganos dañados. En este sentido, el nuevo estudio realizado por los investigadores del Howard Hughes Medical Institute supone un paso de gigante para comprender cómo estas stem cells están implicadas en la aparición de procesos cancerosos, y en qué se diferencian de las células madre que dan origen a células sanas.

 

En el caso de las células sanguíneas, las células madre hematopoyéticas, que se alojan en la médula ósea, originan los glóbulos rojos, los glóbulos blancos y las plaquetas. Hasta ahora, los expertos eran incapaces de distinguir las stem cells normales de las enfermas. Para ellos eran tan difícil como para la policía encontrar un asesino en serie mirando rostros por la calle. Para el doctor Morrison, la esperanza de la oncología moderna es dar con algún talón de Aquiles que haga vulnerables a las células malignas, un distintivo que permita a los médicos aniquilarlas sin perturbar la función de las sanas, como es el caso de las células de la médula ósea. Cuando esto se consiga, podrán diseñar terapias anticancerosas más efectivas y menos tóxicas para los tejidos normales. El reto está en el tejado de los laboratorios oncológicos.

En palabras del doctor, las células madre cancerosas, que inician y mantienen los tumores, comparten muchas características con las normales, lo que dificulta el diseño de terapias que actúen sobre las primeras sin lesionar las segundas. Esto supone un grave problema, ya que al dañar las stem cells sanguíneas sanas durante el tratamiento de la leucemia se compromete el correcto funcionamiento del sistema inmunológico. Esto es, la quimioterapia hace que los pacientes se vuelvan más vulnerables a las infecciones.

Pero este efecto colateral podría eludirse con la rampamicina, según indican los resultados del ensayo con roedores. Este fármaco es capaz de reducir la cantidad de stem cells leucémicas, prevenir el crecimiento de las que quedan y, lo que no es menos importante, asegurar la producción de sangre normal y restablecer la función inmunológica después de la merma de médula ósea.

Sin duda alguna, el trabajo de los investigadores del Howard Hughes Medical Institute viene a reforzar la tesis que desde hace unos años mantienen algunos científicos: no todas las células cancerosas muestran la misma habilidad para multiplicarse. En efecto, algunas células malignas tienen una capacidad limitada para proliferar, mientras que otras son auténticas fábricas de células cancerosas.

Pero como ya se ha mencionado, no es fácil desenmascararlas. Recientemente, los científicos han hallado una diferencia: un gen llamado Pten. Éste tiene un efecto opuesto en las stem cells sanas y las enfermas. Cuando los investigadores quitan o anulan al Pten, cae la producción de células madre normales y se dispara de manera espectacular la de anormales. El doctor Morrison ha utilizado este patrón del gen para disparar la rampamicina sobre las stem cells cancerosas sin lesionar las normales.

Es una buena noticia, ya que si funcionara también en humanos podría usarse para combatir las leucemias, pues estamos ante diferentes procesos cancerosos de la sangre: la leucemia más frecuente entre los adultos es la mieloide aguda, con el 35% de los casos y una tasa de curación del 60%, mientras que en los niños es más común la leucemia linfoide aguda, que representa el 28% de los casos y tiene una curación total en el 90% de los pacientes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario